Bienvenidos al 2014. Arranca la cosa aún bajo la estela de la rueda de prensa de cierre de año de Rajoy. La comparecencia fue, esencialmente, una pérdida de tiempo. Un trámite, una formalidad, un papeleo verbal. Una pereza que resolvió con la misma displicencia aquella de Chaplin mientras golpeaba con el culo el globo terrestre en la mítica escena de “El gran dictador”.  Y la verdad, me sorprendió, porque cuarenta y ocho horas antes el Rey se marcó un mensaje que me temo que Rajoy no escuchó, o le trajo al pairo. Flaco favor se ha hecho el presidente a sí mismo. Y en buen lugar ha dejado al monarca que, esta vez sí, afrontó problemas reales, y llegó incluso a dibujar un escenario de modificación constitucional que al gallego de Pontevedra le produce alergia.

El discurso inicial, atiborrado de datos, algunos falsos, dejó claro que Rajoy se quiere presentar aseado ante la cuchipanda de mandatarios europeos. Y poco más. Cada día es más una caricatura de registrador con plaza fija que no tiene más objetivo que seguir ahí. Su actitud bordó un desprecio a los periodistas que allí acudieron, y sobre todo a los ciudadanos. No tiene un discurso, carece de capacidad de liderazgo e incluso da la impresión de carecer de ideología. Nuestra economía se devalúa, la fiscalidad nos asfixia, pero Rajoy, ese hombre, dice que los datos macroeconómicos son buenos, y que él está contento porque esto se arregla. Con un par.

En el turno de preguntas, el acabose. Respecto a Cataluña, nada, dejar que se aburran y que el problema se pudra,  aunque por el camino quede el estado hecho un jirón de braga. De la Ley del aborto, nada, no va con el. Cosa de ARG, el progre. De la reforma fiscal, que le pregunten a Montoro, que es el del ramo. Sobre los cambios en la subasta eléctrica, una explicación tramposa y confusa. Y del registro judicial en la sede de su partido, una mentira flagrante. Y en este plan. Su plan. Soberbio, el tío. Y que ahí se las den todas. Porque él tiene su plaza asegurada. Y, si no, siempre aparecerá un ricachón para resolverles la vida a él, y a los suyos.

También rematando el 2013, el Tribunal Superior de Justicia de Madrid, va y decreta que los correos electrónicos de Blesa son “irrelevantes judicialmente”. Si el contenido de las misivas era moralmente obsceno y repulsivo, y evidenciaba unos comportamientos de la élite política y empresarial vomitivos, este auto del TSJM es tan asqueroso como indignante. Los jueces, y la Fiscalía, tienen en esos correos mucho más que indicios racionales para enjuiciar comportamientos éticamente intolerables con encaje en varios tipos penales. Como su propio comportamiento.

Pero así está el patio de esta España nuestra. En descomposición. Y ya se sabe que, en países de tercera, entre la Justicia y lo que es justo suele haber un abismo. El que conforman aquellos ropones y políticos para los que no hay pruebas en contra que valgan frente a lo que a ellos les conviene.