Definitivamente, se ha retratado. En la efeméride de la Constitución, la nuestra, la que se pasan casi todos por el forro sin rubor,  Montoro va y se quita la careta: aseguró en público que el problema de los altos cargos de Hacienda es que eran una manada de socialistas. Da igual, incluso, que a muchos de ellos los hubiera nombrado él mismo. Lo serio, lo inaceptable, es el concepto que tiene Montoro de lo que debe ser el Ministerio de Hacienda. Tan graves son sus palabras que le incapacitan para ocupar el puesto, que es quizá un modo de permanecer, y hasta ascender, según ciertas purezas insólitas de la marca España.

En los últimos días, Montoro ha dejado el alto nivel del Ministerio como un solar. Se ha pulido, o han dimitido, decenas de altos cargos. Esa casa es una bomba de efecto retardado. La espita fue la dimisión de Dolores Linares, responsable de la Delegación de Grandes Contribuyentes, y de su adjunto. Después se ha pirado el director general de la Inspección, Jones. Y a partir de ahí llegó la razia de Montoro, la caza del socialista, según otra de sus iluminaciones.

Lo que está sucediendo en Hacienda es que el Gobierno incurre en intromisiones descaradas en un organismo que en cualquier país serio debe ser inmaculadamente neutral. Montoro, o sea, Rajoy, ante las discrepancias radicales de forma y fondo de los funcionarios con la jefatura política, está adoptando las decisiones siempre en contra de los criterios profesionales, para garantizar el control político.

Deben saber que la dimisión de Dolores Linares sobrevino por las presiones que padeció tras mantener, en contra de las instrucciones políticas, una sanción a la cementera mejicana Cemex de 450 millones de euracos. Debe saberse también que Cemex se está trajinando con el Gobierno instalar aquí su centro de exportaciones para el Mediterráneo y la Europa del sur. Y ha de conocerse que hay lío con la OPA que le ha hecho a Campofrío la mejicana Sigma Alimentos. Y es esencial advertir que al tiempo, Repsol resuelve su lío con YPF con la ayuda del Gobierno español y…..el Gobierno mejicano. O sea, que cuate, aquí hay tomate. La alta política siempre trufada con los grandes business.

Y en estas va Montoro, que está jodiéndole la vida con sus impuestos confiscatorios a los autónomos y empleados, o sea, a los que pagan sin defraudar, limitándoles hasta lo insoportable la posibilidad de desgravar ni la línea ADSL con la que curran, en estas, digo, se arranca Montoro y suelta, con un par, que ha hecho limpia en su equipo porque estaba lleno de socialistas. ¡Que poca vergüenza! El control y abuso que este Gobierno está haciendo de Hacienda es impropio de un Estado democrático y de derecho. Los funcionarios, más aún los de Hacienda, deben ser eso, funcionarios al servicio del Estado, no sicarios obedientes al Ejecutivo de turno. Montoro no debiera seguir un segundo al frente del Ministerio, y es obligación del presidente, Rajoy, poner coto a tanto desmán. O se tendría que ir el también.