Dos años ya, de Rajoy y sus ministros. De sufrimiento. Algunos vimos, en su día, un rayo de luz. Pensamos que eran gente solvente, preparada, acreditada, capaz. La mayoría absoluta, creímos, iba a hacer posible cumplir un compromiso, el programa electoral, que no estaba nada mal. Y aquí estamos, jodidos, cabreados, indignados. En un diciembre negro. En una crisis inmensa, colosal. Crisis económica, sí, pero aún más, si cabe, crisis moral, ética, de principios, de proyecto, institucional.  No cabe ya el optimismo ni en los optimistas. Porque la casta ha perdido toda credibilidad. Viven para mantener el statu quo. Para perdurar, ellos, porque les va bien. Encantados de haberse conocido. Y cuando les larguen, siempre hay una eléctrica, o una constructora, o un banco, o un colega que les da unos consejos, de administración, y a vivir con los riñones calentitos. Y en ese plan.

Diciembre ha sido paradigma de dónde y cómo estamos. Comenzó con Cataluña, la consulta y toda esa inmensa pamema, esa trola del paraíso en la independencia que no va a llegar. Y la Infanta Cristina, con lo de Urdanga y los dineros públicos y el fisco, un caso en el que dan la pinta de haber contratado de abogado defensor a Torres Dulce, el fiscal de Gallardón y Rajoy. Y el tugurio de Blesa, esa pornografía de las influencias, donde se lleva la palma obscena el hijo de Aznar, José María, del que sabemos por los correos electrónicos que le montó el pollo a Blesa por no ser solícito con papi. Y la venta de Novagalicia a los venezolanos de Banesco. Impresionante. Ponemos todos de nuestra tela 9.000 millones de euros para salvarlo y estos ahora lo pulen por 1.003.  Y a vivir.

Después Soria, el ministro que no da una, el canario amigo de Rajoy, y otros, y el tarifazo, y la subasta anulada, la luz por las nubes y los demás marrones de su Ministerio, donde el otro Nadal la está liando. Todos cabreados. Sin contentar ni a los colegas. Y los canales de televisión, y la milonga del dividendo digital, otra película de terror con Soria de prota. Y reventando el sector. Otro, en la miseria.

Y la visita de la pasma, con papela judicial, a la sede del PP. Catorce horas. Llevándose los documentos que le ocultaron al juez sobre las obras, negras, de la sede, y mucho material sobre los papeles de Bárcenas, y la Caja B, que Rajoy y sus muchachada niegan, pero en los que el ropón ve indicios que se acumulan con pinta entre mala y muy mala. Hay más, pero aquí no cabe.

Nuestra política no está en crisis, sino en descomposición. No es que huela mal. Es que el hedor es de todo punto insoportable. Necesitamos una restauración del edificio de nuestra democracia y de la vida pública. Necesitamos ejemplaridad. Necesitamos decencia. Rajoy y el PP quieren hacer de España una marca, y así les vas, nos va. Lo que necesitamos es un país, un sistema, democrático, que funcione.  Lo malo es que a muchos se nos ha pasado el tiempo de creer en los Reyes Magos.