Así está el patio. Y no solo en España. Los Gobiernos, con su gente y sus agentes, nos espían a todos y lo inspeccionan todo.  Controlan a los malos, y a los buenos. Los CNI et al escuchan a los policías, los policías a los guardias, los guardias a los periodistas. Y en este plan. Se conoce que como lo de la transparencia es una milonga para entretener a grupos de expertos constituidos en comisiones, los políticos han optado mejor por el espionaje a mansalva, a braga quitada, que escribiría Umbral. Y hasta se espían entre ellos.

Están todos enmerdados. Parece que no haya carrera política limpia, sin mácula. La corrupción crece al mismo ritmo que los espionajes. Antes la cosa era más rústica, más de oreja, periódico y  cámara de fotos, con negativo. De ahí pasamos a los equipos perfeccionados, los micrófonos direccionales y esas zarandajas. Ahora la cosa está en la red, y en el espacio radioeléctrico. Los Estados, en los que mandan los Gobiernos, son monstruos de mil ojos y dos mil orejas. Nos escuchan, nos graban, nos leen, nos copian, nos observan, nos investigan, nos atisban, nos averiguan, nos husmean, nos otean, nos ojean, nos cotillean, nos acechan, nos retratan. De modo que nos putean. Y no está bien. Está muy feo ser una democracia espiada y sin control. En esto del espionaje hay barra libre.

Ha saltado el escándalo tras el trabajo que ha hecho un periodista con su chico. El asunto comenzó con la NSA (National Security Agency), que es como la NASA pero en espionaje. Porque aquí tenemos más cráteres ya que en la luna. Y parece que no hay cráteres suficientes para tanto espía. Para tanto cotilla de altos vuelos que termina pinchando teléfonos y ordenatas para pasar la tarde, entretenido en descubrir bribones, tunantes, traviesos y forajidos de teléfono y teclado.

De inicio los Gobiernos europeos se pusieron estupendos, en la protesta contra los espías de Obama. La señora Merkel, temerosa quizá de las fotos, advirtió que ni una mas. Obama lanzó a Kerry por delante a confesar que habían llegado demasiado lejos. Una forma muy sutil de pedir disculpas que en nada se materializan. Rajoy se cabreó al enterarse de que no aparecía en la lista de espiados, y después lanzó a Margallo a los chicos de la alcachofa a decir que nosotros también nos hemos puesto gallitos con el imperio. Pero todo con la boca pequeña. Porque los yanquis, para su espionaje a mansalva, cuentan con la ayuda de los países amigos, y de los no amigos. Y todos estos, a su vez, necesitan de los yanquis, que como tienen más pasta van más adelantados y controlan todas las cloacas. Y en este círculo vicioso se mueve la cosa. En este océano de estiércol moral nos tienen sumergidos. Una historia más de mentiras, chantajes y medias verdades de la que saldremos como estamos. Mal. Justitos de moral y buenas costumbres democráticas. Y nos las meten dobladas después, cuando les pillamos. Y hasta la próxima, que la están ya pergeñando. Los micrófonos y las líneas calientes no paran. Están ardiendo. Siempre.