Bajan las aguas revueltas en Murcia. Me llega mucha información. José Luis Mendoza, alma mater del emporio educativo de la UCAM, es el hombre de moda. Está en boca de todos. En general para bien, lo cual es infrecuente. Asuntos varios de corrupción, política, empresarial e incluso en la comunidad educativa, remueven las conversaciones confidenciales y se acercan a los tribunales. El presidente Ramón Luis Valcárcel prepara su salida y en Génova le dan por seguro en las listas para Europa. Es lo que él quiere y se lo ha currado, el hombre. Pero la está liando con su sucesión. ¿Habrá dedazo? Si se consuma, y con un imputado como designado, según circula, puede terminar de estropear su biografía. El PP murciano está muy convulsionado. La sede se parece a Génova. En el lío, claro.

Y el conflicto entre el Gobierno murciano y una de las empresas españolas relevantes, Sacyr, junto al resto de firmas que conforman la Sociedad Concesionaria del Aeropuerto Internacional Región de Murcia, el aeropuerto de Corvera, se perfila como el gran escándalo. Un aeropuerto más terminado pero todavía inoperativo por el contencioso entre ambas partes. El aeropuerto se construyó con base en una concesión del Gobierno murciano, que tenía prevista la explotación privada del mismo. Hace año y medio terminaron las obras y no se ha visto todavía un avión. El problema es que a medida que avanzaba el proyecto, se modificaron tanto el escenario económico (el impacto de la crisis y sus consecuencias sobre el tráfico aéreo y el turismo) como las propias condiciones de la concesión (AENA se niega a cerrar San Javier, pese a que se había comprometido, y se señalan nuevas exigencias técnicas que implican el crecimiento de la inversión). Como consecuencia de ello, la Unión Temporal de Empresas concesionaria ha solicitado negociar una modificación de las condiciones del contrato original para poder garantizar la viabilidad del proyecto. La respuesta del Gobierno murciano es tajante: no. Como consecuencia de ello, la concesionaria retrasa la puesta en servicio de las instalaciones.

Las consecuencias del conflicto son que el Gobierno ha terminado por rescindir el contrato de concesión, amparándose en que va a poner en marcha el aeropuerto, lo cual va a demorar más el arranque y va a suponer un coste millonario mayor para los ciudadanos murcianos. Siempre estamos igual. La sociedad concesionaria, que se había comprometido por escrito a abrir el aeropuerto sin condiciones en abril de 2014, considera que se han visto abocados a una situación de indefensión frente a la decisión del Gobierno de adjudicar un nuevo contrato con mejores condiciones para el futuro adjudicatario. Además, ello contraviene las leyes de la competencia y puede suponer una ayuda del Estado que la Unión Europea prohibe expresamente. El proceso se ha judicializado. Y todo ello puede afectar al futuro que tiene diseñado Valcárcel, que pasa por el Parlamento Europeo. En Bruselas estos tejemanejes no están bien vistos.

Lo que está sucediendo en Murcia con el aeropuerto supone una peligrosa “Kirchnerización” de la política, salvando las distancias entre la pampa y la huerta. Eso es la aplicación de un modo de hacer política que consiste fundamentalmente en quitarse a golpe de decreto de expropiación los problemas que uno mismo ha generado por decisiones políticas equivocadas. ¿Por qué la comparación? Recuerden que el Gobierno de la señora Kirchner primero alabó el papel de Repsol en YPF para después poner en duda sus resultados, que eran consecuencia esencialmente de la nefasta política energética de las autoridades argentinas, para terminar invadiendo, con sus amiguitos al mando, la sede corporativa de YPF en Buenos Aires para cargarse y expulsar a los españoles. Consumada la tropelía, con Repsol fuera, la compañía roza hoy el desastre. Quizá alguien en el Gobierno de Murcia se ha observado en ese espejo y ha creído que un problema generado por ellos mismos se puede resolver “expropiando” a unas empresas titulares de una concesión para entregar el botín después a otras mediante un concurso también a la argentina. Entre tanto, el aeropuerto finalizado pero sin visos de inauguración, costes que crecen cada día en una Comunidad Autónoma muy endeudada, pérdida de competitividad, desencanto en los tejidos social y empresarial y futuro incierto, tirando a negro. Debieran estudiarse a fondo tratados de política y de economía, bucear un poco en la historia y ver cómo suelen terminar estos episodios. es decir, mal.