Tiene escrito mi amigazo Angel Antonio Herrera que toda buena entrevista posee algo de robo. Del entrevistador al entrevistado, claro. En Nueva York, nuestro presidente y sus mariachis intentaron levantarle a Bloomberg una parte de las palabras de Rajoy. Pero un buen ladrón no se deja mangar nunca.

Imagen de previsualización de YouTube

Sara Eisen, la colega, le sacó a Rajoy malas caras. Y evasivas laberínticas en un intento de eludir derivadas del asunto de su ex tesorero. A la interrogadora le sorprendió que no negara su implicación y la de su partido en el caso Bárcenas. Rajoy dijo: “Hay cosas que no se pueden demostrar”. Que no es lo mismo, aunque lo parezca. Y claro, no tienen aprendido, aunque es de EGB, que es mejor callar si no se quiere decir nada.

Alguien del nutrido cortejo presidencial creyó que estaban en estos lares y pidió a Bloomberg que no emitieran las preguntas y respuestas del temita. Y la contestación fue la debida: nones. La integridad periodística no lo permite en los países solventes. Solo hacer esa petición le deja al presidente a la altura del betún.

No han aprendido aún en Moncloa. En los últimos meses han mendigado inútilmente que el presidente Obama reciba a Rajoy en la Casa Blanca. Hasta se han gastado la tela en un lobby para conseguirlo. Y la respuesta, a cada petición, ha sido siempre la misma: hasta que no se despejen las dudas sobre la honorabilidad del PP, nada de nada. Semanalmente reciben informes en Washington, desde la Embajada, sobre los avatares de la investigación de Ruz. Y andan cabreados por las irrupciones españolas en los pasillos cuando llega el G-20.  Y las fotos al día siguiente vendiendo una burra que no existe.

Si se formuló tan descabellada petición a Bloomberg fue por rutina e impericia. Aquí me malicio que es frecuente. Y a veces la respuesta es positiva. Demasiadas veces. Es uno de los dramas del periodismo patrio. El pesebrismo que no se practica allí donde la profesión aún se mantiene mayoritariamente en la dignidad. O sea, fuera.

Hay que ser cenutrio para no saber que noticia es un hecho veraz que alguien poderoso desea que no vea la luz. A los de Bloomberg se lo pusieron a huevo. Si no quieren que salga es que es relevante. Y salió. Como debe ser. Solo les faltó a los inexpertos soguillas de Rajoy solicitar que borraran la cinta. Para que el descojono hubiera sido total. Porque igual creen que en el Siglo XXI se puede obliterar lo que no quieres que se publique. Como cuando escribíamos con la Olivetti. O la Underwood. Lo que se puede es destruir un disco duro, como hacen algunos antes de que llegue al juez. Pero una entrevista, si te la hace un periodista que se precie, no hay Dios que la borre. Ni presidente que impida que llegue a los ciudadanos. Ni con razón ni sin ella.