Hay optimismo en Presidencia del Gobierno a propósito del asunto catalán. En su huída hacia delante Artur Mas coloca una vela a Dios y otra al diablo. Hoy se celebra la Diada con una cadena humana que veremos si no termina atrapando a más de uno, y sin salida. Hay optimismo, y ha habido maniobras, o negociaciones, en la oscuridad. De nuevo, nos enteramos a toro pasado de que el presidente Rajoy recibió en los últimos días de agosto a Mas en Moncloa. Los fontaneros de Rajoy filtran que fue un encuentro discreto cuyo resultado fue “enormemente positivo”. Sabemos que charlaron sobre el proceso de autodeterminación que los nacionalistas y los independentistas catalanes pusieron en marcha hace ya largo tiempo. Charlaron y quizá hasta negociaron. Y ya veremos hasta dónde, porque cada uno de los asistentes filtra según sus conveniencias.

Para empezar, la reunión no fue discreta, sino secreta, que naturalmente no es lo mismo. Es lo que tienen a menudo las tinieblas de la política, que hurtan al ciudadano el conocimiento de lo que le afecta. Si lo que se ventila es un asunto de tanto fuste, y este afecta al tuétano de nuestra Constitución, no debieran caber los secretos. No es de recibo que una cuestión de tal magnitud se ventile entre bambalinas. En los países serios, una negociación sobre un referéndum de autodeterminación se celebra de modo transparente, con conocimiento del Parlamento y de la opinión pública. Y más aún cuando la reclamación territorial no tiene encaje en la Constitución, como es el caso. La consulta que quieren Mas y, sobre todo Esquerra Republicana de Cataluña, no tiene encaje constitucional. ¿Están negociando Rajoy y Mas, en secreto, una fórmula para sortear la Constitución? A día de hoy la única legal sería que el Gobierno decidiera la celebración de la consulta, la convocara y delegara en la Generalitat la organización de la misma. ¿Llegaron a hablar de esto en secreto Rajoy y Más?

Otra posibilidad es abordar una reforma constitucional que posibilite el referéndum. Pero ni PP ni PSOE quieren entrar en una reforma a fondo, tan necesaria, del texto constitucional. Y, además, los trámites y los plazos que ese paso requiere no son compatibles con las prisas de nacionalistas e independentistas para satisfacer a sus fieles, que empiezan a disgustarse.

En democracia, el secreto es poco aconsejable. Nada. Pero cuando se habla de cuestiones esenciales, nucleares, que afectan al tuétano del sistema, a la unidad de España, a derechos de todos los españoles y no solo de una parte, la transparencia es primordial, o sea, principal.

El apoyo que los sucesivos Gobiernos de PSOE y PP han requerido para gobernar desde 1982 hasta la fecha han hecho estragos. Las cesiones a los nacionalistas tienen consecuencias devastadoras. A la vista está. Como para que ahora Rajoy ventile el asunto en secreto en la bodeguilla de La Moncloa. Con Arriola susurrándole al oído.