Coherencia. O sea, actitud lógica y consecuente con una posición anterior. Coincidencia entre lo que se piensa, lo que se dice y lo que se hace. Decencia. Dignidad en los actos y en las palabras. Lo echamos de menos en nuestra política. El penúltimo ejemplo nos lo da el Partido Popular con el caso Faisán.

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Siete años después se celebra el juicio en la Audiencia Nacional por el chivatazo que frustró una operación que iba a dar al traste con el aparato de extorsión de ETA. La cosa se paró porque aquella mañana de mayo de 2006 el Gobierno de Rodríguez Zapatero y Rubalcaba recibió el apoyo del PNV a su proceso de negociación con ETA . Uno de los grandes escándalos de nuestra reciente historia. Una gran traición. Una insuperable infamia. Ahora, frente a los ropones de la Audiencia Nacional, dos funcionarios tratan de evitar comerse el marrón. Sus superiores, de los que tuvo que llegar la orden, se han ido de rositas. Eran, por orden, Víctor García Hidalgo, director general de la Policía y dirigente del Partido Socialista de Euskadi; Antonio Camacho; Secretario de Estado de Seguridad, Alfredo Pérez Rubalcaba, ministro de Interior y José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del Gobierno. Ninguno de ellos va a asumir responsabilidad alguna. Una vez más dos funcionarios arrostran la indignidad de unos superiores.

Veremos en qué termina el juicio. Pero lo relevante ahora es la actitud del Partido Popular. Durante años, el “caso Faisán” sirvió al PP para asetear al Gobierno de Zapatero en el Congreso y en los medios de comunicación. Dos diputados, Ignacio Gil Lázaro e Ignacio Cosidó (actual director general de la Policía), se hicieron famosos porque cada semana preguntaban al Ejecutivo en el parlamento y censuraban ácidamente la delación que posibilitó que la operación policial se frustrara por orden superior. Hasta 46 veces, sí, 46 veces, el PP pidió la dimisión de Rubalcaba como ministro.

Y fue ganar las elecciones y olvidarse. Rajoy y sus soguillas han sido tornilleros, soldados desertores de una causa justa y esencial en un sistema democrático: la defensa de la legalidad. El silencio del PP gobernante es una indecencia. Algunos apoyamos sus denuncias durante años. Y seguimos manteniendo lo que decíamos entonces. Ahora nos han dejado solos e incluso tienen jeta sobrante para reprocharnos nuestra insistencia en la exigencia de conocer la verdad. Lo que no tienen es vergüenza. ¿Dónde están ahora Gil Lázaro, Cosidó, Rajoy y compañía? En el poder, que todo lo puede. Llegado este punto, ya que no quieren que se sepa la verdad de esta traición. Se han sumado a la teoría del ocultamiento. Ya que también ellos han traicionado a las víctimas y a la verdad, lo menos que podían hacer Rajoy y los suyos ahora es pedirle perdón a Rubalcaba y compañía. No lo harán. Faltan coherencia y decencia. Y como dijo el gran Tony Soprano, nuestro Gandolfini favorito, la mierda te arrastra hacia abajo. Ineludible.