Están felices. Los arúspices del éxito del marianismo a toda costa. Los exegetas del discurso oficial del presidente. Pedro Arriola, el  que reclamaba cobrar pesetas blancas y pesetas negras. Los que creen que la cosa no tiene un pase, pero antes muertos que sinceros, no vaya a ser que no repitan en las listas o se los pulan en la purga de andar por casa que se avecina. Los que gustan de adular para poder seguir acudiendo a los almuerzos de Moncloa, que molan un huevo, y a veces hasta te dan espuma de melón. Están contentos. Arenas, Cascos y frau Cospedal, ante Ruz, neutralizaron el asunto.

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Pues nada. Que sigan felices. Yo no lo estaría. Dando por bueno todo lo que han dicho y escrito, ¿es de verdad para estarlo? A ver. Ha quedado claro tras esas declaraciones que quienes mandan, administran y tutelan en el PP son unos desahogados. Quienes tenían la máxima responsabilidad de controlar la organización no se enteraban de donde salía la pasta con la que el tesorero repartía salarios millonarios y costeaba una estructura descomunal de elevado nivel de gasto. Con un par. El partido más grande de España en manos de un personal que no se altera, ni se retira para siempre, tras reconocer que escapaba a su control una enorme cantidad de dinero público. No cumplen ni sus estatutos. Entre 1995 y 2011 se pulieron casi mil millones de euros. De subvenciones públicas. En una empresa privada se van a la puta calle en el minuto uno. Ellos no. Desparraman con el dinero de todos sin control. Y se pavonean. Lamentan haber puesto la leña en manos de un sinvergüenza, que era su sinvergüenza. Vaya con el registrador, el ingeniero, el sevillano y la abogado del Estado. Que confiados eran con nuestro dinero. No niegan, porque no pueden, que ellos cobraban unos salarios de ejecutivos de primer nivel siendo unos directivos políticos de quinta categoría en eficiencia y ejemplaridad y de primera en incompetencia. Y ahora cambiaran el escaparate para que el chiringuito siga igual.

A esto en mi pueblo le llaman tener la cara de cemento armado. Aterra pensar que quienes no ha  sido capaces de controlar una organización como el PP sean quienes están gobernando España. Espeluzna saber que el Presupuesto General del Estado lo ponemos en manos de unos hombres y mujeres que no saben administrar su casa. Bueno, su casa sí, ahí manejan su dinero, que es mucho. Y ese no se lo confiaban a Bárcenas. Estremece saber que, habrán vulnerado la ley o no, pero se han comportado con una indecencia difícilmente superable.  Ignorancia deliberada. Ellos saben lo que significa. Y sus secuaces, corifeos y propagandistas en plena algarabía porque no se han derrotado ante el ropón. Pues ándale, que dicen en Méjico, país en el que serían los reyes del mambo. A seguir en la inmundicia y el descontrol hasta que termine la legislatura. Si el juez Ruz no lo remedia. O si su sinvergüenza particular, al que Rajoy enviaba mensajes de calma y ánimo, no da un paso más hacia el empapele. La partida sigue en juego. Ya saben. Blancas y negras.