Rajoy amansó y puede que convenciera a los suyos.  O al menos eso dicen muchos. Los hay que aún están como fieras con su jefe. Aunque estos, otra vez, se escudan en el off the record. Cobardes.

Imagen de previsualización de YouTube

En la desabrida sesión del Congreso, celebrada en el Senado, Rajoy no respondió a buena parte de las preguntas esenciales. Se batió el cobre, sin duda. Pero en el ominoso “Caso PP” todavía no se ha hecho la luz del todo. Fue esplendoroso el aplauso atronador de la bancada del PP al reconocimiento de Rajoy de que se había equivocado con Bárcenas. Sucede habitualmente. Es sabido que cuando un camarero resbala y destroza la vajilla, siempre sale el jefe con la cuadrilla a aplaudir el destrozo. Cosas de esta política nuestra abrumada por tanto mequetrefe. Pero lo esencial fueron las respuestas que el presidente dejó en el aire.

Destaco también que el presidente no defendió a los suyos. No se mojó. Los matices son esenciales. Reconoció que en el PP “se han pagado sueldos, remuneraciones complementarias por razón del cargo, anticipos, suplidos, trabajos. Se ha pagado en blanco e incluido en la contabilidad. Declarar los ingresos a Hacienda ya es una responsabilidad individual”. Todo muy etéreo. Vale, pero, ¿efectuó el PP la retención legal prevista por la ley del IRPF? Parece que no. Y la ley le obliga a hacerlo. Eso no es responsabilidad individual, sino corporativa. ¿Declararon como gastos de representación lo que era puro salario, es decir, engañaron al fisco? Parece que sí. Más asuntos, y engaños, que no son personales.

Y las citas. ¡Ay, las citas! Recuerdo una tarde del invierno previo a las elecciones del 93. Cafetería del hotel Villamagna. Acudo a una cita requerida por tres dirigentes del PP. Hoy dos de ellos mandos relevantes aún del partido y el tercero alto cargo de la Administración. Quieren saber cosas no publicadas sobre los GAL. “Necesitamos munición contra González. ¿Qué te cuenta Amedo? ¿Hablas con Garzón? A estos golfos hay que pillarlos por los GAL” Fin de la cita. Les mandé a paseo. Y les invité a suscribirse al periódico. Y, además, ojo, que las denuncias del delincuente al que se refirió Rajoy, el de las citas, se revelaron absolutamente ciertas. Y certificado por sentencias de la Audiencia Nacional y el Tribunal Supremo. A esos tres chisgarabís, y a sus jefes, el fondo del asunto GAL, el crimen de Estado, les traía al pairo. Solo les interesaba en la medida que les ayudara a derribar a González.

El “caso PP” no ha acabado. Está comenzando. Y de Aznar, a todo esto, ¿nadie se acuerda? Fue el jefe de la cosa durante buena parte de los años objeto de escrutinio. Y Arriola sigue facturando por asesorar a su cliente: Rajoy. Sí, Arriola el que cobra en euros y antes lo hacía en pesetas. Blancas y negras. Como las fichas de ajedrez. Lo dicho. Esta partida está en sus inicios. La vida sigue igual.