Lo malo de las rupturas, entre dos o entre un montón, es el solo de papeles en desbandada. Lo peor del mañana en soledad son los desechos del desamor a frente abierto. La guerra desatada con mensajes de móvil que ojala no hubieras tecleado. La venganza inclemente que aunque se sirve fría hace hervir el alma abandonada. Lo peor, lo feroz, es el punto en el que llegas a no saber muy bien quien eres. El instante en el que te confundes con aquel que ya es agua pasada de una factura pendiente de cobro entre amenazas.

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Rajoy, el cliente de Arriola, sabe lo que le van a preguntar y lleva escrita la respuesta. Queda mal, el presidente, en las dos alternativas. Si hubo pacto, malo para la profesión, y para un presidente que necesita de un colega para no dar la cara en libertad. Si no lo hubo, malo para el periodismo y para Rajoy. Para nosotros porque nos torea sin que nadie se levante y le deje hablando en soliloquio o solo para sus secuaces. Y para él porque acredita su incapacidad para responder sin leer, mal leído, uno de los papeles por los que el asesor de toda la vida se lleva un pastón. El “Caso PP”  tiene al presidente contra las cuerdas. La insistencia en mostrarse como víctima de un chantaje debilita a Rajoy y fortalece a Bárcenas. Porque solo puede ser chantajeado quien previamente ha incurrido en un comportamiento que posibilite la extorsión posterior. Aquí no hay chantaje que valga. Hay una venganza de libro de Sciascia o Ellroy.

La verdad judicial corresponde a los jueces. Rajoy y sus muchachos, y muchachas, están obligados a facilitar una explicación detallada, convincente, concluyente y determinante de un escándalo que les compromete. Las acusaciones de Bárcenas, algunas con soporte documental, políticamente son una bomba de racimo sobre la credibilidad del presidente y del partido del Gobierno. Estamos hablando de presuntas financiación ilegal, dinero negro, sobresueldos ilegales., delitos electorales, tráfico de influencias, blanqueo, encubrimientos…Y de unas cuentas en Suiza que no solo eran de Bárcenas. Y de mensajes entre el presidente y el reo de los que puede colegirse un intento de obstruir la acción de la Justicia. Recuerden: “Sé fuerte”. Y Bárcenas protege desde Soto, por ahora, a Aznar y a los empresarios donantes que soltaron la leña a mansalva.

En un país serio este asunto se sustancia en el Parlamento.  En España no. Hay antecedentes. Pero esta vez son Rajoy y su PP quienes hurtan a los ciudadanos el debate sobre un asunto gravísimo en la sede de la soberanía nacional. La historia demuestra que estos desmanes terminan pagándose muy caro. Aunque tarden en pasarte la factura. Vivimos en un lodazal de inmundicia. Nos quedan, gracias a Dios, algunos jueces y algunos periodistas que no siguen la voz de su amo. Porque no tienen amo. Pocos. Pero insobornables. De ellos dependemos.