“Me dedico al periodismo de investigación, pero a mi familia le digo que toco el piano por las noches en un burdel”.  Lo dijo Woody Allen, sobrado de talento, aunque a veces me aburre. Pero nunca me aburren mi oficio, los pianistas o los puticlubs. No me molestan jamás los lugares donde hay información verdadera. Y nuestra política, ahora, es muy de tugurio. La historia se repite. Buceando en el “caso PP”, como hay que denominar a la suma de Gürtel, Bárcenas y todo lo demás, he explorado en nuestro pasado reciente, porque el pasado tiene a menudo mucho futuro. He charlado con Alberto Flores, uno de los que pringó en la Filesa del PSOE sin ser jefatura, para refrescar la memoria. Flores, un hombre inteligente, ultima un libro, que he leído. Es apasionante.  Me narra Flores un episodio que viene al pelo: “La rendición de El Plantío”. Han pasado veintidós años.

Julio de 1991. Vivienda del penalista Horacio Oliva, abogado de socialistas acusados en el “caso Filesa”. Un mayordomo con chaquetilla verde de cuello mao y botonadura dorada sirve cervezas frías e ibérico de bellota al anfitrión y a los socialistas Guillermo Galeote (ex responsable de finanzas del PSOE), Carlos Navarro (ex coordinador de finanzas del grupo parlamentario socialista), Luis Oliveró (ex administrador único de Filesa, el “Luis el cabrón” de esta trama), Francisco Virseda (abogado de Filesa y estratega jurídico de Ferraz) y el propio Flores (delegado en Madrid de Filesa).  Alto nivel del PSOE de entonces. Oliva pregunta si es verdad lo que aparece en la prensa sobre cuentas de la trama en paraísos fiscales. Galeote y Navarro asienten. Oliveró se ofrece, generoso el tío, con la mirada fija en el suelo: “Yo diré que son mías a cambio de quedarme con ellas”. Pasado el tiempo a Flores le parece que la escena estaba pactada de antemano. A la mañana siguiente, Oliveró viajó a Suiza acompañado por su yerno, José Luis Abreu, mejicano, y abrieron otra cuenta que aparecería en el sumario con el nombre de Tequila. Ahora las llaman Soleado. Marca España.

A finales de marzo de 1993, Filesa volvía a las portadas. Los peritos habían finalizado el informe pericial que les había encomendado el juez Marino Barbero Santos, con resultados demoledores que confirmaban lo desvelado por El Mundo en esa portada del 29 de mayo de 1991 que tuvo efectos de bomba nuclear equivalentes a la de El País con los papeles de Bárcenas de hace tan poco.

Durante el juicio de Filesa, José María Sala, entonces senador del PSOE, le comentó a Flores: “Cuando Felipe González leyó la pericia judicial dijo que no había más remedio que adelantar las elecciones”. Y así fue. El final judicial se adivinaba cercano, pero el escándalo político y la lamentable reacción del PSOE crecían cada día, mientras el mismo González de los GAL se seguía enterando de todo por la prensa canalla. Menos de alguna cosa, claro.

Un episodio relevante. Sí. Que me ha ratificado en el convencimiento de que la codicia puede con el talento. Hay quien ni aprende de los errores propios, ni de los del adversario.  En el “caso PP” hay imputados, abogados, residencias como la de El Plantío, con y sin mayordomo, y conversaciones de ese pelo. Había pactos. Que no se han cumplido ¿Habrá rendiciones? La tensión de nuestra vida política es de un fuste no conocido en España desde hace muchos años. Los cuchillos están afilados.