Sí. Formidable tensión en los bajos fondos de la política del PP y el PSOE. Navajeo. Tensiones que van y vienen. Dirigentes con apuros. Cualificados apparatchik entre rejas que empiezan a largar. Sedes centrales blindadas. Cargos y militantes indignados con las jefaturas de Madrid. Advertencias que llegan a través de intermediarios a los que despachan los segundos niveles. Pactos con los justiciables que no se cumplen. Y pactos silentes de silencio. Acuerdos que no se escriben, que no se cuentan al personal. Pero que funcionan.

Génova tiembla con Bárcenas, sus papeles y la Gürtel. Ferraz está sacudida por la mangancia y el expolio de los ERE. Del Möet Chandon, los manolos y el lujazo de la boda de El Escorial y sus consecuencias a los gin tonic de Larios, la farlopa y las putas de la trama andaluza del desfalco que desencuaderna al PSOE. La corrupción de nuevo como segunda preocupación. Tras el paro, claro. Tan relacionados ambos dramas. R y R son dos dirigentes cuestionados. Diferentes partidos pero problemas coincidentes. Rajoy, quiere esperar a ver si escampa para tirar cuatro años más. Prepara para el final de legislatura bajadita de impuestos y otros caramelos para paliar la desafección que le ronda. Rubalcaba quiere terminar la faena, en doble sentido, que le está haciendo a su PSOE. R y R, y sus barbas, pactaron posición común ante la UE. Y más cosas. Aunque el papel de Bárcenas ha alterado un pelín el panorama.

En la última reunión de ambos en Moncloa, y en las conversaciones y mensajes de móvil que se cruzan casi cada día, se trajinaron un único discurso ante Europa, y ante la corrupción que les une. Algunos les tienen agarrados por los bajos. Ambos necesitan aire y tiempo para que amaine el temporal interno, que exige un tsunami. Renovación de jetas y de ideas para salvarse de la quema. Y hubo acuerdo. Perfil bajo en las respuestas a la corrupción de cada casa. Los inevitables toquecitos para el titular, perfectamente intercambiables: “Deben una explicación a la sociedad”, “es una causa general contra el partido”, y todas esas mandangas de apresurada alcachofa televisiva. Aunque Rubalcaba tras la barcenada está en apuros por el perfil bajo que le han dado al temita.

Y como la peña quiere sangre, y pide cabezas, ambos han colocado ya varias encima de la mesa judicial. Rajoy, las de Bárcenas, Correa, Crespo, Pérez y la recua de Valencia. Rubalcaba las de un Pepe Blanco amortizado, y Magdalena Alvarez, Guerrero y la banda de los ERE, incluídos Viera, Griñan y Chaves, si se tercia imprescindible. Y hasta ahí llega la cosa. No quieren ni uno más. Pero en los patios de las prisiones de Madrid y Sevilla aprieta el calor como una soga al cuello. Y los preventivos pierden la paciencia y ordenan los papeles. O se les ofrecen soluciones o la lían parda. Que es lo que debieran hacer, si de verdad quieren prestar un servicio a la sociedad.

Y los portavoces oficiales lo niegan todo. Menos alguna cosa, claro.