Lo hizo, en su día, Zapatero. Y el Rey, en pleno tsunami de Botsuana. Ahora es Rajoy el que busca refugio en el Ibex 35. En plena avalancha de indicios racionales de que el PP se financió, ilegal o irregularmente, con dinero de grandes compañías que, a cambio, pillaron concesiones, obras y favores. Ahí están los papeles que apuntan a que con dinero negro procedente de esos donantes se pagaron sobresueldos. Asoman sospechas razonables de que las campañas electorales se financiaban del mismo modo oscuro. En pleno estallido del “caso PP”, Rajoy se reunió con los grandes del dinero patrio. No permitió periodistas. Ni fotógrafos y cámaras, excepto los suyos. Y nos contaron desde Presidencia que Rajoy les explicó a los visitantes de lujo el fondo del asunto. Les dijo que estaba tranquilo, y los popes de la cosa le expresaron su apoyo al presidente. Entre tanto, se zamparon una ensalada de puntillas, unas supremas de dorada y una espuma de melón. Y en las fotos, ojo al dato, se percibía reiteración de agasajo a uno de ellos, recién salido en los papeles de Bárcenas.

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Tanto presumir de independencia respecto a todos. Tanto marcar paquete de distancia falsa, para recurrir finalmente a ellos. Como todos. Aquello parecía una suerte de junta general de un club de donantes. Es verdad que ni están todos los que son ni son todos los que están. Pero el mensaje fue nítido: les necesita, como ellos le necesitan a él. Para diseñar unos cambios de decorado que mantengan igual el escenario. Para reforzar el trato, el pacto de siempre entre los que financian una parte de la fiesta para seguir financiándose ellos y los que gobiernan. Para seguir en el machito. Los que dan y los que toman, en almuerzo veraniego en medio de una tormenta que amenaza arrasar su chiringuito. Diseño de diques de contención, ya veremos si con comisiones o no. Y barrunte de amnistía. Como lo leen. Sorteo de la Constitución aprovechando la efemérides real que se avecina. Para todos, los bárcenos, los Gürtel, los de los Ere, los catalanes. Barra libre, en fin, en una orgía de olvido intolerable.

Lo tengo escrito hace años. En esto de la corrupción la mayoría se centra en el corrupto y se olvida del corruptor. Hasta que no metamos mano de verdad a los que con su dinero compran las voluntades de los miserables sin más principio que el dinero, esto no hay dios que lo arregle. Mientras tantos sigan venerando y bailando el agua a los que ponen la pasta para ganar más pasta con la que seguir comprando voluntades, la corrupción seguirá siendo generalizada. Sistémica. Mientras los donantes acudan a los viajes de Estado, reciban títulos nobiliarios, sean expendedores de certificados de moralidad, se presenten como benefactores de los desfavorecidos y sean recibidos como privilegiados en Presidencia, el lodazal seguirá anegando España.

Y ya escribiremos de Arriola, sus clientes y sus cuentas. Que no tienen desperdicio. Blancas y negras. Como las fichas de ajedrez.