Viernes 26 de abril. Desde ese día, las cosas nunca volverán a ser igual. Rajoy, como siempre, no dio la cara. Envío al patíbulo a la vicepresidenta Sáenz de Santamaría, a Guindos y al camorrista y confiscador Montoro. Tres notarios del fracaso de un presidente que a fuerza de hacer no lo que prometió, sino lo que cree que debe hacer, certifica la ruina en curso.

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Un ministro me dice que fue un ejercicio de sinceridad que hemos de agradecer. Otro miembro del Ejecutivo me comenta que De Guindos y Montoro dibujaron un panorama tétrico por orden del jefe, “en clave electoral”, para poder decir que las cosas han mejorado antes de lo previsto. El primero de los citados nos recrimina a los periodistas la crítica: “Es muy fácil ponernos cada día a parir. Arregladlo vosotros, que tenéis soluciones para todo”. Con dos cojones. Y se queda tan ancho. Le respondo: “Es a vosotros a quien ha votado la mayoría. Sois vosotros quienes nos dijisteis que teníais las soluciones. Erais vosotros quienes también poníais a parir a ZP. Es Rajoy el que se fotografió en la puerta de una oficina del INEM y dijo que cuando él gobernara bajaría el paro. Si quieres darle a la tecla, deja el Gobierno y dedícate a lo nuestro”.

Rajoy y el reducido grupo de asesores de botafumeiro acrítico que le rodea y le baila el agua se olvidaron de la política la misma noche electoral y se entregaron al control del déficit. Año y medio después, estamos en emergencia nacional. Una hecatombe. Pero Rajoy sigue a lo suyo, que no es lo nuestro. Aquí lo he insistido a menudo. Lo que para casi todos es la hecatombe para ellos es una incidencia. No ven crisis institucional, política, social.

Hay que meterle mano a lo suyo. Urge reformar a fondo la estructura del Estado, y aminorar el tamaño de las Administraciones Públicas, y reducir a la griega el número de Ayuntamientos y a los que queden ponerles a raya. Urge liquidar un elefantiásico aparato burocrático que dilapida parte del dinero de todos en administraciones duplicadas o triplicadas, empresas públicas innecesarias, subvenciones insostenibles, sueldos estratosféricos (¡¡la presidenta del banco malo se lleva 33.000 euracos al mes!!) Hay que regenerar, en fin, lo esencial del sistema de partidos. Pero no, nada de todo esto se prevé. El discurso nuclear de este Gobierno es pedir paciencia. No hay que estudiar en Harvard para saber que la clave del éxito de cualquier política de ajuste se funda en el recorte del gasto público, y no en la recaudación y la subida de los impuestos.

Y la oposición socialista, en la batalla del quítate tú para ponerme yo. Hundidos también.

Mi admirado Ignacio Camacho escribía el domingo que hay que cogerles por las solapas para que reaccionen. No sé yo. Me temo que ni por esas. Hoy, aquí, no hay líderes. Hay políticos de aparato y aparatos políticos esclerotizados. Y ciudadanos jodidos que en buena parte han perdido la esperanza. Con motivo. Para salir de este drama necesitamos, además de dinero, liderazgo, ideas, honradez, reformas de fuste, política de primera, grandeza, coraje, valentía y sentido de Estado. Veremos. Por ahora, decepción. Rajoy no tenía un plan, salvo alguna cosa, claro. El plan lo tenía Alemania. Y así nos va. Mucho más pobres y escasos de paciencia.