Guillermo Gortázar, militante del PP, ex secretario de formación de los populares, y persona de calibre e influencia, durante años, en quienes mandaban en la sede de Génova, la lió con su artículo de ABC, de muy elocuente título. “PP: del cuaderno azul a las primarias”.  Un latigazo crítico, seco y directo a la ausencia de democracia interna en el PP. A los que mandan hoy,  y también a un Aznar que critica lo justo, porque quiere evitar que le recuerden a cada rato que él, sólo él y nada más que él, decidió quién iba a sucederle.

El formidable artículo de Gortázar tuvo efectos previsibles e inmediatos, instrucciones urgentes de quienes mandan: “Que nadie entre al trapo. No hay respuesta. Este debate no toca. Y éste ya no pinta nada”. El silencio es a veces la primera y la última palabra. Un modo del grito. El PP es una organización escasamente democrática. Expeditiva, sí, pero en la que reina el miedo a la discrepancia. Dos expresiones recientes de Rajoy vienen a acreditarlo. Dijo sobre Cospedal  que “es la número dos perfecta, nunca me ha dicho que no”. Y  luego, “no es bueno debatir en público de esto, no conduce a nada”, respecto a las diferencias con sus barones por el déficit de las Comunidades Autónomas. Un partido en el que uno decide todo y después los órganos de dirección refrendan la decisión a la búlgara, un grupo en el que se masacra y desprecia al discrepante, en el que la número dos nunca le dice que no al jefe, es una organización que no tiene nada que ver con la democracia, condenada así a la autodestrucción.

Y lo que más dolió del mandoble del ilustrado Gortázar a sus colegas es que pusiera de ejemplo la decisión del PSOE de reducir el poder de la cúpula dirigente del partido e incrementar la democracia interna de sus militantes con el proceso de primarias que ha puesto en marcha. Duelen las verdades. El PSOE tiene problemas iguales, o más severos, que el PP, sustancialmente aquellos que afectan a su ideario político y los que se refieren a la presencia de un Rubalcaba que se presentó como solución a los problemas y que ya es para todos un problema de solución complicadísima. Pero trata de democratizar el debate interno y los procesos decisorios. Y no es nada sencillo. Pero está en ello.

El número dos de los socialistas valencianos, Francesc Romeu, ha publicado un interesante libro espoleando el debate de las ideas en el PSOE. “Hasta aquí hemos llegado”, lo titula, esclarecedor. Se puede coincidir o discrepar de Romeu, pero pone el toro en suerte. Si el PSOE no abandona el debate fulanista y aclara su posición ideológica, se va a desangrar en votos. Por la izquierda se le van a ir a IU y a formaciones nuevas que  ya se anuncian. Por el centro y la derecha, sí, la derecha, se le irán a UPyD u otros. Más los que se vayan directamente a su casa, o sea,  a la abstención.

Ellos, PP y PSOE, podían haber regenerado el sistema desde su mayoría parlamentaria, y han renunciado a ello, qué miseria, para mantener el statu quo, para no perder su poder, reventón de prebendas. La crisis formidable se evidencia cuando la agenda política la marcan los jueces. Nos italianizamos a marchas forzadas y no se vislumbra la salida. En nuestra política triunfa la mediocridad, prosperan los insignificantes, los gregarios, los cortesanos y más de un golfo. El sistema agoniza. ¿Ninguno de los que mandan es consciente de que, si el sistema fracasa y se colapsa y destruye definitivamente, la inestabilidad en aumento puede convertirse en drama? Parece que no. La duda es si estamos aún a tiempo. Espero que sí. Pero lo dudo. Mucho.