Falta un discurso político de fuste. Falta, y urge. Los ciudadanos se sienten alejados de la casta política. No es sólo el Gobierno. No es sólo el PP. Ni tampoco el PSOE. O IU. O los demás. Es el sistema, directamente. Son los partidos, controlados por unos pocos. La distancia la simbolizan, ya , unas vallas que rodean el Congreso para impedir “el asedio” previsto. Pero el Congreso, en rigor, hace mucho que vive rodeado de vallas, no metálicas, que le separan del personal.  Se trata de vallas políticas, ideológicas, éticas, morales. Como a los que mandan les distancian de la peña los cristales blindados y oscurecidos de sus coches.

No me gustan los escraches. Ni los asedios. Tienen razones para el cabreo quienes los hacen. Tratan de sacar provecho quienes están en la instrumentalización. Pero una turba de afectados no está asistida por la razón absoluta porque sea numerosa o tenga motivos. ¿Quién establece los límites? ¿Qué injusticias merecen esa respuesta?

El Gobierno y el PP han acreditado escasa sensibilidad y talento político para afrontar el drama de los desahucios. Sólo dedicaron tiempo a la vertiente jurídica del problema, con una solución final mejorable, y desdeñaron preocuparse de lo social y lo político. O sea, lo sustantivo. ¿Alguien ha visto, leído o escuchado una palabra, una idea, una aportación al debate o a las soluciones de la ministra de Asuntos Sociales? Ah, ¿qué quien es esa ministra? Sí, Ana Mato. Pues eso.

Se equivoca parte de la izquierda en tratar de buscar auxilio a su fracaso en las urnas apuntándose a la bronca callejera. Se sabe dónde comienza, pero nunca dónde termina. Y menos todavía si la marea de los desahucios se inició con el Gobierno socialista de Zapatero, bajo una media anual de más de 50.000 ejecuciones hipotecarias entre 2008 y 2011, a las que respondieron, con Carmen Chacón como ministra de Vivienda e inspiradora, con la creación de nuevos Juzgados para agilizar y acelerar el proceso de poner en la puta calle a quienes no podían pagar.

Pero dicho esto, los diputados, todos, debieran reflexionar muy en serio y rápido no sobre las vallas, sino sobre la sima abierta entre ellos y los ciudadanos. Han de recuperar la calle y a sus habitantes. Prospera la estafa a gran escala, el latrocinio, los comisionistas, la corrupción, la financiación ilegal. Las complicidades. La pasividad. El silencio. La partitocracia. La política plasma, en fin. Han defendido lo suyo y se han olvidado de la política. La democracia no es que te voten cada cuatro años y a otra cosa. En el voto no terminan los deberes y los derechos del ciudadano. Muy al contrario, ahí empiezan. Se han quedado los mandamases en el déficit  y el ajuste. Hay que recuperar la política, la ética, la ejemplaridad. En España, y también en esta Unión Europea que puede devenir imposible. Pretender que no hay derecho a quejarse es insostenible.

No vale todo. Es verdad. Pero un problema, y de enjundia, se solventa atajando la causa. Sí. Hay muchos que quieren liarla. Mañana. Y pasado. Pero o resolvemos los problemas o crecerán los bucaneros. A uno y otro lado de las vallas. Metálicas o de las otras.