La lluvia le da al encuentro un matiz algo lúgubre y justificaba un gorro que cubría su cabeza. Le veo entrar raudo. Local fuera del circuito habitual de los políticos de fuste. Me pidió “cita discreta”. No quiere aparecer como fuente. Pero es que, además, “no pueden vernos”.  Apariencia de cita clandestina. No había quedado con un delincuente. Era un hombre que habla con frecuencia con Rajoy, el presidente. “Si el jefe se entera de que hablo con periodistas estoy acabado”.

Creo que es muy cabal. Tiene experiencia en la Administración, desde la época de Aznar. Nunca me había reclamado tanto sigilo. Charlamos algo más de una hora. Está muy abrumado. Y pesimista. Con España. Con el Gobierno. Con su partido. Ni una sonrisa. Gesto adusto. Habla de corrido. No menciona el nombre del presidente una sola vez. Y solo habla de el.

“Lo de Bárcenas es un desastre. Es imposible gestionarlo peor. No quiere ver lo que es evidente. Su indolencia es asfixiante. El partido lo va a pagar. El descontrol en Génova no tiene precedentes. Pero está convencido de que la pasividad que le ha sido útil hasta ahora le va a funcionar de nuevo. Oye a muchos, pero escucha a pocos. Su desprecio por la opinión pública es insólito. La mayoría absoluta, que era una herramienta para el éxito, una vez más acerca al abismo. Y lo malo es que el PSOE está más descompuesto aún que nosotros”.

“No hay liderazgo. No hay autoridad moral. Tras año y medio de gobierno no hay parapeto. La economía no repunta. El paro, aunque ha bajado en marzo en 5.000 personas, va a seguir creciendo. Lo de Chipre es más propio de una república bananera que de la Unión Europea. Y nos acojona, por nosotros. El euro vive una crisis de la que veremos si sale. Hemos incumplido lo esencial de nuestro programa en aras de una recuperación que no aparece. Los ciudadanos no pueden más. No hay horizonte de recuperación en 2013. Cada día somos más pobres. Probablemente haya que subir los impuestos, cuando había compromiso de rebajarlos. El gasto público sigue siendo excesivo.  Los escasos apuntes de recuperación no son percibidos por una clase media cada día más desesperada.”.

“No ha habido gestos serios de regeneración democrática. Las instituciones, incluida la Corona, han perdido el poco crédito que tenían. La Justicia, en cuyas manos están demasiados, es lenta e ineficaz. Los mecanismos de control no funcionan. Había que reformar a fondo la Administración y no se ha atrevido con ello. Y lo de Cataluña…”.

“Hay gente buena en su entorno, pero pocos le advierten de una realidad que es la que es. Todo lo fiamos a la debilidad del adversario y nadie duda de que ganaremos las elecciones del 2015. Pero queda mucho. Aquí puede salir de las urnas un país difícilmente gobernable entre el descrédito de una clase política que es mejor de lo que advertimos. Los aparatos de los partidos, el reducido número de personas que los controlan, están colapsando el sistema por su egoísmo, su mediocridad y su ineficiencia”.

Y mucho más. No dijo cosas mejores de los sindicatos, la clase empresarial, los más cualificados ejecutivos del IBEX 35 o Los popes de la banca. Y de la prensa, que ya les contaré. Pues eso. Acojonados. Y él a lo suyo, que no es lo nuestro.