Palabra de Rajoy, el inventor de la rueda de prensa sin preguntas y sin presencia. Palabra del presidente plasma: “Todo es falso, salvo alguna cosa, que es la que han publicado los medios de comunicación”.  Un prodigio de oratoria, el presidente. “Salvo alguna cosa”. Con un par. Esa declaración merecía un plasma. Sin Merkel al lado. Pero un plasma de muchas pulgadas.

Llueven sospechas desde hace tiempo. Se desmandan varios de los suyos, que nunca son los nuestros. Descubrimos cada día “un funcionario” de Génova 13 que nos da un susto negro de pasta. Sepúlveda, el ex marido de la ministra resulta que cobra del PP, o sea del personal, pero le piden que el curro se lo haga en casa, porque apesta. Bárcenas nos aparece en la tele siempre a pie de taxi, en huida a ninguna parte. O sí, quizá caminito de Jerez. Hoy le tiene que contar la cosa al juez. Junto a Trías, el abogado que avaló su versión. El PP veta todo en el Congreso sobre el asunto, o el caso. Y Carlos Floriano, que últimamente vive sin vivir en él, advierte que van a demandar a media España, aunque las demandas van lentas, y nos cuenta una milonga para justificar que le sigan apoquinando a Sepúlveda. Y aquí seguimos con el quilombo.

Ha llegado la hora de los jueces. Van a ser varios. Jueces y fiscales. La hora de los jueces es siempre la hora undécima. Siempre llegan tarde. Van a llover las querellas como llueve el dinero  negro en la financiación de los partidos desde el año de la polca. Y ahora, que se querellen. Floriano, Rajoy, Rubalcaba, Cornide, Mas, Griñán, los Chaves de toda la vida, Mas, los Pujol de toda la vida, y el sursum corda. La financiación de los partidos es el no va más del cachondeo. Eso, siendo generoso en el calificativo. Ojala que lluevan querellas. Esto va a ser divertido. E igual por ahí se aclara la cosa. Ya saben, “ni hay pruebas ni las habrá nunca”. O “nadie podrá probar que Bárcenas no es inocente”.

Pero además de la lluvia de querellas, por encima incluso de la hora de la Justicia, hace tiempo que llegó la hora de la política. De los políticos de fuste, de enjundia, dispuestos a regenerar el sistema de una vez por todas. Decididos a modificar lo que haya que modificar para que la división de poderes resucite. Para reformar la Ley Electoral. La de financiación de los partidos. Para que al fin funcionen los mecanismos de control. Para que la democracia interna, mandato constitucional que se pasan por el arco del triunfo, vea la luz en la tiniebla que son ahora los partidos. Para que el sistema funcione. Para que los ciudadanos recuperen la confianza. Ese es el rescate que necesitamos. Urgentemente, escandalosamente. El rescate de la decencia. Y son quienes han sido elegidos democráticamente quienes tienen que hacerlo. Por que si no, salvo alguna cosa, esto se nos va al garete, salvo alguna cosilla. Sin confeti gratis total, sin viajes pagados por Pasadena, sin papeles negros, sin amnistías, sin EREs de la vergüenza, sin ITVs amañadas, sin sumarios, condenas, indultos ni monsergas. Un rescate de decencia. Salvo alguna cosilla, esta política nuestra de hoy no hay por dónde cogerla. No tiene un pase. Necesitamos que Rajoy salga del plasma. Que vuelva a la realidad. Pero ya. Ya mismo.