Comenzamos el trece como terminamos el doce. Más a lo suyo, que no es lo de los catalanes. El PSOE fuera de juego. La corrupción económica y moral disparada. Los Tribunales, controlados, a paso de tortuga. Los empresarios del stablishment enfangados.  El PP y el Gobierno, en el poder absoluto cada día más lejos de muchos de sus votantes y de muchas de sus obligaciones. Bono con el riñón bien cubierto. Y el personal, o sea, la mayoría, cabreado.

Telefónica da cobijo a Rato en un confortable consejo. Alierta ha perdido el oremus en beneficio de unos pocos. Rato ha perdido el norte camino del banquillo. Favor con favor se paga. ¿Cuál era la deuda, esa que siempre pagan otros?.

Núñez Feijoo, a quien teníamos por sensato, feliz tras la entrevista huera en El País: “Rajoy no está cumpliendo sus compromisos, pero sí su deber”. Más dinamita para la destrucción moral. En democracia los compromisos adquiridos son parte esencial del corazón del sistema. ¿Quién establece cuales son sus deberes? Lo haga quien lo haga cumplir con las promesas adquiridas voluntariamente es el primero de ellos. Los demás los establece el unilateralmente.

Y sin movernos de Galicia, José Luis Baltar, el gran cacique. El fiscal se querella contra el por prevaricación continuada. Este pájaro, tras mandar 20 años en el PP orensano, días antes de designar heredero de la Diputación a su hijo Manuel, colocó a dedo en la corporación provincial, ojo al dato, a 39 hijos, 25 hermanos, 9 esposas, 5 maridos, 5 sobrinos, 4 yernos, 2 madres, 2 nietos, 2 nueras, 1 padre, 1 mujer y 1 ahijado de dirigentes o militantes del PP. De este golfo, que tenía pillados por los huevos electorales a Núñez Feijoo y Rajoy, dijo el hoy presidente del Gobierno en la campaña de las autonómicas del 2009: “Baltar es el PP”.

Y ahora, oficializado y judicializado el escándalo, que era conocido por todos, Rajoy no mueve pieza. Ni siquiera responde a las preguntas que se le formulan. Las sortea, como el jueves: “Hoy vengo a otra cosa”. ¿A otra cosa? ¿Qué otra cosa más importante que explicar el escándalo de quien en Galicia “es el PP”? Rajoy no dijo nada porque es cómplice, como máximo responsable del partido, de esa golfería. Porque lo permitió, como Feijoo, porque si no perdían los votos de Orense. Esto es lo que hay.

Pero no me cansaré de decirlo. Algún día habrá que meterle mano, además de a los corruptos, a los corruptores. En este caso, tan mal Baltar y los jefes del PP como esa recua de golfos que se dejaron colocar sabiendo de qué iba la cosa. Si no existieran los unos, los otros no se corromperían.

Al presidente le diría que no hay ni cabe “otra cosa” cuando de lo que hablamos es de la “Cosa Nostra” en que algunos convierten la política española. La pasividad, en este caso, como en tantos otros, es cómplice. En todos los órdenes.