Murió la quinta víctima del Madrid Arena. La canallada de la noche de Halloween ya se ha llevado por delante la credibilidad y el prestigio de la alcaldesa. Igual que la multitud se llevó por delante la vida de cinco jóvenes. Cinco crías que estarían vivas si el Ayuntamiento no hubiera actuado negligentemente. Y si el empresario no hubiera estado ciego de codicia, loco de ambición, vendiendo el doble del aforo.

El juez instructor apunta que está trabajando con tiento y con tino. Pero a la alcaldesa, Ana Botella, no la salva ya ni el apoyo del autor de las memorias del mes. En lo político, digo. Su comisión es la comisión de la vergüenza. Están en el reparto de las culpas para que no demos con un solo culpable. No están perdiendo el rastro, que también. Han perdido ya la dignidad.

Y luego está el Gobierno. No contento con indultar a los políticos corruptos y amnistiar a los ricos que esconden el taco de billetes, indulta también a los policías torturadores. Y después va y le envía el fisco a los restaurantes morosos, un fisco muy vestido de  geo de la recaudación. Como recordaba Martín Ferrand, aquí en ABC, así cobraba Al Capone sus impuestos y protecciones en el Chicago real, aquel de las películas de gangsters. Y para rematar, aprueba por sorpresa no compensar a los pensionistas por el desvío que registrará la inflación en 2012, incumpliendo el penúltimo compromiso del Ejecutivo y del PP. Hasta un minuto antes negó que fuera a hacerlo.

Aquí se han perdido ya los mínimos de decencia. Rajoy y sus muchachos están calentando en exceso al personal. Se están pasando por el forro aspectos esenciales de las formas y el fondo que configuran los pilares esenciales de un Estado de Derecho. Esto no es una broma. Lo repito. Este Gobierno, con su mayoría absoluta, nos tiene desahuciados, aún muchos con casa, pero desahuciados de esperanza en que al menos se respete lo esencial del sistema.

Está dura la cosa. El personal entiende que el cinturón ha de apretarse. Lo que no entiende, lo que no entendemos, es que este Gobierno y este Partido Popular (una recua de gente que no se ha bajado del coche oficial en muchos años) hayan consagrado como oficio cotidiano la mentira, el engaño, la discriminación y el ejercicio totalitario del poder. No era esto, presidente, no era esto.

Felipe González está de aniversario y se hace fotos de portada de El País junto a un condenado por secuestrar a un anciano viajante de comercio. Contó Umbral de FG la conmovedora sinceridad con la que mentía. Rajoy y los suyos no son sinceros ni en la mentira. ¿Hasta donde van a llegar? ¿Hasta dónde vamos a llegar? De momento, cada vez que abre la boca un ministro o un dirigente del PP hay que tener claro que hará lo contrario de lo que nos diga. Este es el peor desahucio. En lo moral. En lo ético. En lo político. Están jugando con fuego. Y dentro del temible incendio estaríamos todos.