Constituido ya el Parlamento catalán. Los Pujol y los Mas con la Policía y Hacienda pisándoles los talones. CiU en manos de Oriol Junqueras y el heroico stablishment catalán acojonado por no haberlo pensado antes, y por su cobarde cartera. Rajoy que cumple un año de Gobierno con la camisa que no le llega al cuerpo. El PSOE entre costuras, sin Rubalcaba que cosa en condiciones. Florentino Pérez y el Real Madrid en manos de un cártel portugués que, auxiliado de dos condenados por la Justicia que le llevan la comunicación, encierra al amigo Antón Meana, de Radio Marca, en una habitación para espetarle: “En el mundo del fútbol yo y mi gente somos top y en el mundo del periodismo tú eres una puta mierda”.

Pero el colmo entre los colmos es lo que se está viviendo en la Audiencia Nacional en la investigación del escándalo Bankia. El desfile de ex consejeros es una exhibición de traidores finos cuya desvergüenza trae el síntoma del desahucio más grave de los varios desahucios que padecemos.

Los consejeros eran en su mayoría amigos, amiguetes, colegas, socios y/o arrimados de políticos, sindicalistas y empresarios que se repartían los asientos como un botín de la guerra sucia en que algunos han convertido la política y la economía. Cuando estaban a las maduras se llevaban la pasta, las prebendas, la influencia, los créditos y el poder. Ahora que se reparten las duras buena parte de ellos se llaman andana, y con insultante papo le cuentan al juez que les importaba un huevo la gestión, que se pasaban las cuentas por el forro y que ellos no saben nada del latrocinio.

El penúltimo ha sido Arturo Fernández Alvarez, el de los restaurantes. Con un par, afirmó: “La aprobación de las cuentas queríamos quitárnosla de encima cuanto antes… Si Deloitte decía que estaban bien las cuentas, no iba a leerlas”. No hace falta más. Con tipos como estos es fácil entender por qué estamos donde y como estamos. En el hoyo. En un agujero moral insoportable. En manos de tipos que pasan por ejemplares (este Arturo tiene hasta la Legión de Honor francesa, no le conocen) y representan el súmmum de la impudicia. De tipos que nos han arruinado la cartera y que han dejado el fondo moral de España como una porquera.

Y ojito, que este Arturo que le larga eso al juez de la Audiencia Nacional es todavía presidente de los empresarios madrileños y vicepresidente de la CEOE. No le han destituido al instante. Lo cual les retrata también. Hay muchos “diazferranes” sueltos por esos predios.

Veremos si Bankia termina con cuerda de presos. No lo sé. Pero con lo que sabemos, de Bankia y de lo demás, sobra ya para una cuerda de golfos ilustres que debieran desaparecer para siempre de la vida pública española.

Y el periodismo, que tampoco mejora. Ya dijo Umbral que el buen periodismo mantiene a los ciudadanos avisados, a las putas advertidas y al Gobierno inquieto. Pues eso