In-de-pen-den-cia. Esto es lo que hay. Mas, tras la Diada y todo lo demás, ha dado un paso que no tiene retorno. Coincido con Girauta. Se acabó el cuento. Durán y los ambiguos quedan fuera de la pista. Llegó la hora de definirse. Y yo, la verdad ansío que lo hagan en público y nítidamente actores esenciales de la película que aún no han dado la cara. Sí, me refiero a los Fainé, Piqué, Godó, Brufau, Gabarró, Lara, Oliú, Carulla y compañía. Los que manejan la pasta y están siempre en la pomada decisiva. Los que reparten y reciben el pastel. In-de-pen-den-cia. Máscaras fuera.

Rajoy, muy en Rajoy. Observa de refilón como Aznar endurece el discurso poco después del hasta luego de Espe…ranza. Da por seguro el apoyo de Rubalcaba. Tiende la mano. Ofrece diálogo. Mueve a los suyos entre bambalinas para armar un nuevo sistema de financiación que amanse a las fieras. Y cree que Mas terminará cocido en su propia salsa. Y Rubalcaba se la clava.

Pero el presidente no deshoja la margarita del rescate de nuestra deuda. Hace reflexiones económicas y sigue sin entrar en lo político. Ha agotado buena parte de su crédito disparando todas las medidas que empobrecen al ciudadano pero no hace lo propio con el adelgazamiento de un Estado insostenible y los privilegios de la casta política.

Y el Parlamento. Desde hace unos meses un ejército de vallas y policías rodean la sede de la soberanía popular. Las vallas, sí. Las vallas. Una imagen que evidencia la distancia formidable, una sima, que separa a nuestros representantes de quienes les hemos elegido. No es que yo aspire a cambiar las butacas de sus señorías por posaderos ni a convertir la Carrera de San Jerónimo en una taberna, pero la falta de sangre, la horchata en las venas de la vida parlamentaria, los vetos, los silencios, el secretismo, las demoras y todo lo demás hacen del Congreso un paquidermo en alocada carrera en dirección equivocada. Es una cámara que o se apremia a renovarse, en fondo y forma, o terminará como el Senado, pero sin aljibe: para los leones. Con o sin escroto, pero para los leones.

Las vallas y los policías que separan la cámara del ciudadano de a pié constituyen una metáfora de la actualidad política que nos ocupa. Por la distancia de los políticos con los ciudadanos, y por la distancia que separa a tantos de una clase política que hace como que no se entera mientras muchos tienen la sensación de que el desastre tiene poco arreglo.

La cosa no está ya para tonterías, pactitos a la sombra monclovita, decisiones cortoplacistas, baile de yenka, oportunistas o aprendices de brujo. El asunto es serio. Las vallas como símbolo de una distancia muy peligrosa entre los escaños y la calle, entre sus señorías y el personal. Las vallas que separan a los políticos no de la algarada de quinceemes y protestotes varios, no, sino de la puñetera y triste realidad. Al tiempo.