Oriol Pujol Ferrusola, alias “Zumosol”, se ve en el ojo del huracán de una investigación judicial sobre corrupción que salpica al número dos de Convergència, y su partido le echa jeta de cemento armado al 3% y amasado en la mugre de recíprocos encubrimientos y complicidades y dice que el caso es una venganza por la reclamación de pacto fiscal. Tiene cosas el asunto de Muerte entre las flores, Todos los hombres del presidente y Pandillas de Nueva York.

El personal reclama luz y taquígrafos sobre el escándalo de Bankia y todas las Cajas, y el Congreso, sede del stablishment más que de la soberanía popular, se apaña una comparecencia maniatada férreamente de Campa, Fernández Ordóñez, Fernández Gayoso, Serra  y Salgado, todos ellos con cara y discurso de yo no fui. Se rueda en el hemiciclo una de romanos, una pretendida rendición de cuentas que no es más que una pantomima que posibilita sus insoportables discursos autoexculpatorios con algunos diputados de figurantes con frase corta. Para mí una sesión utilísima para constatar como a los partidos que cortan el bacalao les importa un bledo la verdad, y les interesa mucho en cambio que todo quede en nada. Por cierto, conmovedora la obediencia a la señora Cospedal de Alonso y sus muchachos en el recibimiento y despedida a Rato como uno de los nuestros, o sea, de los suyos. Me recordó el plano de llegada a las Cortes a la secuencia de presentación de personajes que rodó Martin Scorsese en el arranque de Uno de los nuestros, aunque Rato no se ríe al revés como Robert de Niro.

Pero nada como la première del viernes del proyecto de ley de transparencia. Soraya Sáenz de Santamaría presentó el engendro a la vez que defendía la Hidden agenda del presidente. Claro que ni Soraya es Ken Loach ni Rajoy es Frances McDormand, pero que se anden con ojo, y repasen el cartel que hizo la Metro, “Every government has one”.

Las actividades diarias de los presidentes de los países democráticos están a disposición de los ciudadanos a través de las páginas web oficiales. Cualquiera puede consultarlas. Sucede en los EEUU de Norteamérica, en Francia, en Holanda, en Brasil, en Gran Bretaña…

Aquí no. La agenda de Rajoy es oculta. Y no hurtan al conocimiento ciudadano reuniones que afecten a la seguridad nacional, no. Aquí se callan que se va a reunir con el presidente de Siemens e incluso que tiene una cita con Méndez y Toxo, los sindicalistas. La transparente vicepresidenta, en un desvarío inaceptable, llegó a decir que era por “el interés general”. No, SSS, no, el interés particular de ustedes, que gobiernan de espaldas a los ciudadanos, en secreto patético. La agenda no es lo de más, pero es un síntoma de una enfermedad que agrieta cada día la sima que hay abierta entre la gente corriente y ustedes, protagonistas de una película  de serie B que nos está saliendo por un pico. Me lo imagino a el con la misma displicencia con la que Chaplin golpeaba con la cabeza y con el culo el globo terráqueo en El gran dictador, tras pronunciar la frase terrible: “Déjame, quiero estar solo”. ¿Trepará también por las persianas de La Moncloa?