La columna semanal tiene lo suyo. Podría escribir del éxito de Rajoy en Bruselas y su actitud de nuevo humilde que me alegra. O quizá del éxito de la España campeona y formidable que me hace disfrutar. O bien de la vergüenza del reparto del pastel institucional entre partidos, coronado con el horror de ver en el Tribunal Constitucional a  Fernando Valdés, defensor de la impunidad del terrorismo de Estado, que me alarma.

Pero mejor voy a hablar de un ciudadano que el viernes protagonizó una conducta ejemplar que ha sido, creo, poco valorada por los medios y que merece titular y desarrollo: Francisco Xavier Carballeda. No les sonará de nada. No es político, futbolista, periodista, actor, escritor, juez, aspirante a ocupante de la casa de Gran Hermano, famosote ni nada que se le parezca. Pero se ha comportado como un ciudadano ejemplar con una conducta de la que debieran aprender muchos.

Francisco Xavier Carballeda, director de una oficina de Bankia, se levantó en la junta de Bankia, cogió la palabra y dijo: “Pido perdón a mis clientes por haberles vendido acciones. Yo les pasé la información que mis superiores me facilitaron. Por primera vez en toda mi carrera profesional siento que les he defraudado. Para poder mirar al futuro hay que mirar al pasado. No es posible que quienes han puesto en riesgo nuestro futuro puedan quedar impunes”.

Con un par. He aquí el coraje de un hombre recto. Responsable. Sobrio. Decente. Ejemplar. Francisco Xavier Carballeda es una muestra de los ciudadanos con los que se puede construir un país con futuro, y no uno de nuevos ricos sin escrúpulos. Es la otra cara de la moneda que te reconcilia con el género humano. No todo es corrupción, inmoralidad, indecencia, golfería y trinque. Hay muchos como él, aunque no ocupan espacio en prensa escrita, radio o televisión. Es una muestra palpable de que hay quien cree que en la vida no todo es el poder, la pasta y la foto.

Tenemos un problema si una conducta ejemplar y admirable se convierte en extraordinaria, si pasa desapercibida entre tanto titular de carril, de favor y hasta de sumisión a la espera de prebenda.

Francisco Xavier Carballeda tira de moral y no utiliza argumentario de aparato. Primero pide perdón por haber causado un daño generado por otros. Se abre en canal y asume su culpa frente al cliente. Da la cara. Y le canta las verdades al Consejo de Bankia y a la clase política ensimismada en su poltrona, exigiendo que se abran las ventanas, que entre la luz, que se investigue hasta el final y que paguen su culpa los responsables de ese latrocinio, que no son bancarios como él, sino políticos infumables de moral relajada, banqueros de tradición u ocasión y algún ejecutivo de tercera venido a más en la España golfa.

Mis respetos, señor Carballeda. No le conozco de nada, pero me parece que sus palabras sintetizan magistralmente la puñetera realidad y lo que debiera suceder si a ellos les quedara una pizca de sentido de la responsabilidad y de decencia. Lo veremos.