Centrado el objetivo de la actualidad en atisbar, analizar y valorar cómo el Gobierno capea el temporal que azota España, azuzado por el señor mercados y por intereses varios en acabar con el euro, prestamos poca atención a otra tormenta, también poderosa, que tiene a Rubalcaba en situación más que difícil. Su liderazgo en el PSOE es cuestionado por muchos entre las bases y los enemigos internos, liderados por Carmen Chacón, no le dan tregua y le cocinan a fuego, lento.

Tras los acuerdos, varios, que alcanzó con Rajoy en la reunión del viernes 25, parte de la dirección del partido se le revolvió. No todos en el partido participaban de su tesis de que al socialismo le convenía trasladar una imagen de sensatez, rebajando la tensión y acercando algo sus posiciones a las del Gobierno en asuntos de Estado. El incidente con Maru Menéndez, cómo tuvo que envainarse su anuncio de que se la iba a cargar; su cesión ante Chacón, Tomás Gómez y compañía hasta solicitar una comisión de investigación sobre Bankia y la última muestra, la rebelión del PSC de Pere Navarro que no se suma a la exigencia de reclamar el IBI a la Iglesia y deja libertad a sus alcaldes, muestran a un Rubalcaba en apuros. El rumia venganza, a fuego lento, pero su margen de maniobra es escaso.

Tras su victoria en el Congreso de Sevilla, se le reprochan muchas cosas, entre ellas haber dilapidado mucho capital humano de dirigentes de peso como Ramón Jáuregui, Txiki Benegas et al, de pretender arrinconar a los chaconistas y de no tener un proyecto claro de regeneración y modernización ideológica del PSOE. Y tampoco gusta a sus críticos que escuche en exceso a Felipe González, Javier Solana y Joaquín Almunia

El encargo que le ha hecho a Jáuregui de preparar una Conferencia Política para revisar a fondo todo el credo ideológico del partido no es suficiente.

El sector que lidera Carmen Chacón considera que no es descartable que la legislatura actual no llegue a su final y trabajan de forma callada, pero infatigable, para tratar de evitar que Rubalcaba sea el candidato socialista en las próximas elecciones. La guerra es abierta y no hay trincheras.

Desde Ferraz, Rubalcaba mueve su peones, mantiene silencio, por ahora, sobre los escándalos que crecen en Andalucía y que tienen al chaconista Griñán contra las cuerdas y pretende trasladar una imagen de sensatez frente al Ejecutivo que sus enemigos torpedean cada día. Torea el asunto Bankia con temor sobre todo a lo que pueda salir de la boca del ex gobernador del Banco de España y de cuando en vez le dice al desaparecido José Luis Rodríguez Zapatero que le amanse a las fieras internas.

Complicado escenario. Y eso que aún no hemos hablado del Faisán que se sigue cociendo en la Audiencia Nacional. También a fuego lento.