La debacle griega azota y convulsiona los mercados y a río revuelto, España es quien más perjudicada se ve por el desastre. El Gobierno, agobiado, constata que cada día quedan menos balas en la recámara y muestra evidente debilidad cuando lanza al ministro Luis de Guindos a decir que ya hemos hecho todo lo que teníamos que hacer y que ahora espera la ayuda del BCE y la UE.

Con las Cajas en quiebra, la banca en apuros, un lunes negro en el que la prima de riesgo llegó al 478, el BCE sin comprar bonos soberanos de la eurozona, el IBEX 35 bajo mínimos tras caer un 2,66, la crisis política desatada y la crisis del modelo de Estado aún más, esperando cada viernes un decreto de pasión, a punto de un tercer decreto para el rescate financiero, Deloitte ahora muy seria con Catalunya Bank… llega Paul Krugman, el interesado y enloquecido Nobel, Príncipe de Asturias y profesor de Princeton, y en su penúltimo blog del New York Times e incurre en la irresponsabilidad de anunciar que en junio “habrá cuantiosas retiradas de depósitos de bancos españoles e italianos que intentarán llevar su dinero a Alemania y ello llevará a establecer mecanismos de control para prohibir transferir esos depósitos fuera del país y limitar la disponibilidad de efectivo”, es decir, que el gurú enloquecido del liberalismo anuncia un corralito.

Como, aunque no lo parezca, el sistema financiero español, sin ser de Champions como dijo ZP, es mejor de lo que dicen los mercados, y como los mercados, vistos todos los “Inside Job” que se han elaborado y emitido, andan escasos de moral y sobrados de golfos apandadores que se lo llevan crudo, uno llega a la conclusión de que son muchos los interesados en atizar un golpe mortal al euro, y en esa batalla España padece lo suyo y lo que no es suyo. Y entonces estamos hablando de cosas más serias, ¿verdad Wall Street, EEUU, Gran Bretaña, China y otros tiburones que en el mundo son?

Lo malo es que, alcanzada esta conclusión, se me presenta como más urgente aún una explicación de Rajoy, el cliente de Pedro Arriola, sobre lo que está pasando, y el detalle de a donde y cómo nos quiere llevar, y un compromiso de comenzar a señalar a los responsables del desastre nuestro, que los hay, y muchos. Y no parece que tenga intención de hacerlo, porque ya ha dicho Arriola que su cliente volverá a ganar. Pero su cliente es nuestro empleado, y los ciudadanos tenemos derecho a saber. Por ahora sabemos que el Gobierno está fallando en la comunicación y en algunas decisiones adoptadas, o no, y no basta con que Rajoy haya hecho en cuatro meses más que su antecesor en ocho años. No. Es que está actuando, según sus propias palabras tarde (no es su culpa), mal (triste y preocupante reconocimiento) y a rastras (intuimos de quién, pero debe aclararlo). Y los ciudadanos esperamos, y esperamos, y esperamos….. ¡Como para no estar indignados!