Lo que tiene, la transparencia, es que más que legislarse ha de practicarse, porque el personal no traga ya discursos vacuos y textos legislativos, millonarios en palabras y pobres de solemnidad en intenciones. Bien está que se apruebe el anteproyecto de Ley, pero la voluntad del autor de la Ley, el Gobierno, quedó acreditada el mismo día al vetar las comparecencias en el Congreso de algunos de quienes deben aportar luz al escándalo Bankia y dejar las explicaciones para una subcomisión ¡a puerta cerrada! .Si ésa es la transparencia, mejor que no legislen y nos ahorramos de paso el trámite parlamentario de la cosa.

Bien está presumir de una Ley que obliga a las Administraciones a facilitar al ciudadano información sobre contratos, cuentas y procedimientos. Pero resulta ofensivo para el intelecto que no incluya mecanismos que posibiliten sancionar severamente a quien incumpla, que es lo que hay en ese anteproyecto. Y, para colmo, la Casa del Rey, los partidos políticos y los sindicatos, que se financian con dinero público, no se ven afectadas. Pues eso.

Bankia, que es la cuarta entidad bancaria de España, ha sido nacionalizada. La gracia le va a costar un ojo de la cara al erario público. Desde que el 3 de diciembre de 1702 se fundó el Monte de Piedad ha llovido mucho. No digo yo que la investigación haya que retrotraerla a entonces. Pero los ciudadanos tenemos derecho a saber qué ha pasado y cómo ha sido posible este desastre/latrocinio, al menos desde que Blesa, el amigo y compi de Aznar fue colocado al frente de una nave que dejó repleta de agujeros.  Y el caso afecta de lleno al PP, al PSOE, a IU,  a los gobiernos de Rodríguez Zapatero, al de Rajoy, a los sindicatos, a la patronal, al Banco de España, a la CNMV.

La transparencia, tan deseada como inexistente, es mucho más que una Ley. Padecemos en España una obsesión compulsiva por legislar. En cuanto brota un problema de opinión pública, los Gobiernos van y nos sueltan una ley como liebre para despistarnos y que todo siga igual. La transparencia requiere de una voluntad que no existe. Se creen ahora muchos en política que con una página web ministerial, unas cuentas de Twitter, un río de sms y “WhatsApp” y unas paginitas de Facebook se ha resuelto el problema. La transparencia, con ley o sin ley, es que quienes gestionan la res pública rindan cuentas a los ciudadanos que pagan la fiesta. La transparencia es que si alguien la hace, que se sepa ese alguien,  y cómo la ha hecho, y pague sus culpas. En lo político, y en lo penal,si procede. Todo lo demás son pamplinas, leyes-trampa que engrosan los tomos del Aranzadi simplemente para que todo siga igual.

Queremos saber, tenemos derecho a saber, a que se abran las ventanas. Que entre la luz y corra el aire. Con esta ley o sin ella, si Bankia y las otras bankias que en España son, quedan para verse ventiladas en una subcomisión secreta, apaga y vámonos. Pero, ¿a dónde?