El domingo hubo una doble victoria henchida de derrota. El socialista Fernández tendrá más oportunidades asturianas; es político de fuste. Pero Arenas, con una victoria que vale menos que un miriñaque, se queda a la luna de Valencia. O sea,  que se le han cerrado las murallas del poder y ahora ha de dormir fuera de ellas contemplando la luna, o el dedo que la señala, que algunos maledicentes dicen que es el de Arriola, aunque yo no lo creo.

Estas autonómicas andaluzas las han perdido el PSOE, el PP y los institutos demoscópicos, y las han ganado los abstencionistas que están hasta los mismísimos de los unos y los otros y también un poco la Izquierda Unida del amigo Valderas. Una IU que en su programa sueña con un Banco Público de Tierras, una tercera República y una batería de leyes en defensa de la mujer con un Valderas que en su feminismo militante cierra la campaña hablándole a Cayo Lara de “la de las tetas gordas”. Y la citada, delegada socialista, sin abrir la boca. Igual le gusta. Seguro que si se lo llama un señorito del PP le da un abrazo, la señora.

Y el PP, que se muestra perezoso de reacción, le alaba el éxito a Arenas de haber perdido más de 400.000 votos en cuatro meses. Y Arenas, silente y eterno sonriente, aunque ha dicho “hasta aquí hemos llegado”, se lo piensa. No se el qué, pero se lo está pensando.

Yo que Arenas le encargaría a Arriola una encuesta interna para ver si el personal considera coherente reclamar el cambio a los ciudadanos presentando una candidatura en la que nada ha cambiado. Igual también le da mayoría absoluta. Pero no cuela. El cambio en Andalucía era imprescindible en el Gobierno y necesario en la oposición. Y como ni uno ni otro han estado por la labor de mover un pelo, los que han votado han girado con el pie cambiado.

Pienso, como Albiac, que en Andalucía el vuelco era esencial para la viabilidad económica y moral de España. Defiendo, claro está, la libertad de votar a quien a uno le venga en gana, pero a veces el personal se equivoca, y no voy a poner ejemplos.

Consolidado un régimen de corrupción insuperable en Europa, instalada la Comunidad en las más altas cifras de paro y fracaso escolar de España, Andalucía va a seguir gobernada por un Griñán que celebra con una tarta haberse dejado por el camino 654.000 votos respecto a las autonómicas de 2008. Pero llega Juan Flores, el fotógrafo de ABC, y se marca un editorial: retrata a Griñán cortando  a cuchillo el lema, que queda “por el camino”, pero al quitar lo de “seguro”, deja en el aire, como la mismísima realidad, hacia donde camina Andalucía. Lo veremos. Por ahora algunos están ya caminito de Jerez. Y los que quedan. ¿O el cambio ahora va a ser para que no vayan? A ver qué dicen Valderas y los lamerones de siempre.