Lunes 7 de noviembre de 2011. Han transcurrido dos minutos desde que ha finalizado el debate Rajoy vs. Rubalcaba. Pedro Arriola, Ana Mato y Esteban González Pons felicitan efusivamente a su jefe, todos en pie. De pronto, González Pons advierte a Rajoy con un gesto de que Rubalcaba sigue sentado, recogiendo los papeles en solitario. Rajoy se acerca, le saluda cordial, le dice que ha estado “muy bien”, jugando con el equívoco de no aclarar si se refiere a su interlocutor, al debate o a sí mismo. Y Rubalcaba le responde: “Tú sabes que otro no lo habría hecho”. También lo escuchó Elena Valenciano.

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Rajoy supo después que el socialista se refería no al debate, sino a haber aceptado ser cabeza de cartel de una lista electoral derrotada de antemano. Eso es lo que Rubalcaba garantiza por tierra, mar y aire que hizo, aceptar “por responsabilidad, dar la cara en un momento históricamente trágico para el PSOE. Nadie quería de verdad ponerle rostro a la derrota, me lo pidieron y lo hice”. No se conocen los nombres y apellidos de quienes se lo pidieron, e incluso muchos dudan de que nadie hiciera tal cosa.

Consumada la derrota, de verdad histórica, nadie le pidió nada, pero el tuvo claro que “después de haberme comido ese marrón, tengo derecho a liderar el partido, a reconstruir este edificio en ruinas, me lo he ganado y por bemoles ni Chacón ni nadie lo va a evitar”.

Al terminar su intervención en el Congreso, Rubalcaba comentó a su equipo que tras escuchar la intervención de Chacón les diría quien ganaría la votación. Habló, o tronó y, al terminar, Rubalcaba sonrió y dijo: “Hemos ganado. Barroso se ha equivocado”, dando por supuesto la autoría del marido de Chacón.

La batalla ha sido dura y la victoria, apretada, en el 38 Congreso, el del Hotel Renacimiento de Sevilla, lleva a Rubalcaba a administrar una herencia dramática: la desunión de un partido dividido, la nada de poder, la debacle que se avecina en las elecciones autonómicas andaluzas y un ERE que va a dejar en paro a muchos empleados del partido. Y por mucho que haya colocado a Griñán como presidente para tratar de paliar la nueva derrota que se avecina, está por ver que los derrotados, con Carmen Chacón a la cabeza, vayan a admitir que se gobierne el partido sobre ellos.

Carmen Chacón lloró amargamente la noche del sábado, pero según me cuenta un testigo presencial dejó claro a su gente que “este (por Rubalcaba) nos ha ganado la batalla, pero la guerra se libra para las próximas elecciones, y veremos a ver si estos dinosaurios son capaces de ganarnos unas primarias abiertas a la militancia de verdad, con como los Congresos en los que el aparato siempre tiene las de ganar”. Vamos, que Rubalcaba sí que va a vivir en el lío.