Tres cualificados dirigentes del PP, convencidos de sus posibilidades, pactaron los días previos a conocerse el Gobierno de Rajoy una clave: el primero que reciba la llamada del presidente confirmándole la cartera envía a los otros dos un mensaje sms: “Ya”. La víspera, al mediodía, llega el primero. Tres horas antes de hacerse público el Gobierno, el segundo. Cuando se conoce oficialmente de boca del presidente el Ejecutivo, el tercero, que se ha quedado de una pieza, envía a sus dos amigos un mensaje no pactado: “Ay”.

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En un “Ay” viven muchos en el PP. Tres de ellos, que están que fuman en pipa, suponen un problema para Rajoy. Por motivos diferentes. Y los tres con Valencia merodeando en el conflicto. Federico Trillo le dice a sus íntimos que Rajoy le ha prometido un puesto “con contenido político”, pero no suelta prenda. Como siempre sucede cuando no se sabe que hacer con un peso pesado, se habla de darle una embajada, ese puesto para diplomáticos o para políticos cabreados en proceso de desamor a quienes conviene tener contentos, entretenidos y lo mas lejos posible. Alguien le ha dicho a Rajoy que “Federico no es buen enemigo” y debe tenerle satisfecho, pero no va a ser fácil encajarle en el puzzle de poder una vez repartida la tajada. Trillo no da para puesto que necesite pacto con la oposición y no va a ser fácil de contentar.

Esteban González Pons  ha practicado durante un mes la tristeza y la distancia y ha decidido esperar practicando la paciencia y la sonrisa. Descartado que María Dolores de Cospedal le hiciera hueco cediendo la secretaría general, podría ser coordinador general del partido (aquí compite con Juan Carlos Vera) o podría Rajoy diseñarle a la medida un puesto en el aparato del PP. El presidente, en plan Mourinho, le ha dicho que está en el banquillo y que le quiere caliente para salir a jugar en cualquier momento. González Pons, bañado en soledad, acepta el reto, será disciplinado y espera su momento. Algunos le tienen ganas, el tiene ganas a más de uno y exhibe paciencia de derrotado que espera la victoria.

Y Camps, “Ay” Camps. El no culpable rumia su futuro, advierte de compromisos adquiridos, filtra que no quiere presentar credenciales vaticanas sino acreditar rehabilitación política y espera al Congreso de Sevilla para ver si alguno cumple su palabra.  Y le tiene ganas a Fabra, su sucesor, al que pone a parir en la intimidad. Sus más próximos han hecho llegar mensajes que no han entusiasmado al presidente, y el problema puede ser de órdago. “Es uno más”, ha dicho Rajoy. Pero el quiere pruebas, quiere descifrar la duda: si es uno más de los que se quedan a la luna de Valencia o uno más de los que mandan.

¿Quién había dicho que ganar por mayoría absoluta resolvía todos los problemas? La sede popular de Génova 13 esta casi vacía de personas pero repleta de cuestiones por resolver. Muchos dirigentes populares están en un “Ay”. Y estos asuntos hay que resolverlos. Porque si no, ya se sabe lo que sucede. “Ay”.