BG acapara portadas. Ahora es por asuntos pendientes con la Justicia. No cesan de escucharse voces, fundamentalmente en el coro de defensores del ya ex juez, que critican las resoluciones con artillería de literatura gruesa ayuna de principios y sobrada de prejuicios ideológicos. Doctores en la indigencia y el sectarismo intelectual y político que presumen de no haber leído las papelas. Alternar con este sanedrín no es fácil, porque no tienen un pelo de inocentes y el debate no se sustancia en hechos sino en ideas, filias y fobias de catedráticos de políticas de ciudad sin ley.

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No se si me alarma más escuchar a un cátedro de Constitucional y ex ministro de Justicia decir que “leer la sentencia no va a cambiar nada de lo que opino” o leer a un médico metido a faenas de izquierda desunida en la urna y unida en la pelea que BG es inocente diga lo que diga el Tribunal Supremo.

Soportar tanta paliza va en el sueldo de quienes dedicamos la vida a buscar la noticia para contársela al personal y confrontar ideas y opiniones para enriquecer el debate y el conocimiento. Es lo que tiene, que en la tarea tienes que aguantar a volatineros que voltean por el aire siempre en la dimensión equivocada. Porque error es establecer siempre las conclusiones sobre premisas equivocadas o prejuiciar hurtándole a la búsqueda fácil del titular una argumentación sensata.

BG levanta pasiones. Como todo quisqui, exhibe biografía con luces y sombras, aciertos y errores, blancos, negros y grises, por más que sus hagiógrafos y sus censores sólo sean capaces de elevarle a los altares o laminarle sin decoro ni audiencia previa.

Por ahora, siete hombres justos le han empapelado con abrumadora sentencia cuya lectura acredita conocimiento de causa en lo de las escuchas. De lo de la pasta fea se ha librado saliendo por la misma rendija de Los Albertos, con abrigo en vez de gabardina: cometió el delito, pero ha prescrito. El relato de hechos de ambos casos describe un comportamiento infame en quien lleva tantos años administrando justicia. Es lícito y sano discrepar de los jueces si uno tiene argumentos para ello. Pero es un dislate atizarles solo desde el prejuicio ideológico además, en muchos casos, por doctrina de partido, no por convicción.

Le ha alcanzado la primera condena, en el segundo caso se ha librado por los pelos y en el tercero espera juicio y veredicto. Para mí no está sentenciado de antemano.  No tengo opinión sobre los fallos no escritos. Leeré con detalle antecedentes, hechos probados, fundamentos de derecho y fallo, y a partir de ahí conformaré criterio propio. A los maestros de la estulticia les recomiendo que nos adelanten sus críticas a la sentencia que viene. Envíen las dos versiones. Que en lo nuestro también hay quien redacta el titular la víspera o tira de titular de catálogo. Para no equivocarse. O sí.