A Juan Francisco Trujillo le llamaban “El Ministro” en su pueblo. “El Ministro” era el chófer de Francisco Javier Guerrero, ex director general de Empleo andaluz. “El Ministro” le ha cantado a la Policía y a dos jueces que parte del dinero público procedente de los impuestos de los ciudadanos andaluces destinado a quienes se iban al paro se lo gastaban en pianos, cuadros, relojes de bolsillo, ropa, música, telefonía y alterne salpicado de cocaína.

Conocido el escándalo por lo publicado por Mercedes Benítez en ABC, cabe decir que lo de las antigüedades, el alterne y la farlopa puede ser cierto o no, pero que trincaban la pasta de los subsidios de la Comunidad con más paro de España es ya incuestionable.

Chaves, presidente entonces, calla. Griñán, presidente actual y en la fecha de autos consejero de Economía dice que ha de aplicarse la presunción de inocencia y añade que la Junta es un modelo de lucha contra la corrupción. La jeta de ambos es difícilmente superable, escandaliza a cualquiera y evidencia un desahogo ético vomitivo.

Y “El Ministro” le cuenta a la autoridad que ha largado “porque me han dejado tirado y me han puteado”. Los ladrones es que no aprenden. Es una película, sin arte ni ensayo, más vista que el TBO. Les utilizan, les exprimen, se lo llevan dejándoles unas limosnas que ya las quisiéramos los demás y después les dejan tirados, les putean y encima se quejan y dicen que cómo vamos a fiarnos de sus testimonios. Desde el Van Schouwen de Filesa al “Ministro” pasando por Amedo y Domínguez, el primo de José Blanco y compañía, la lista de cantantes que se arrepienten al sentirse abandonados a su suerte por los jefes de la banda se hace interminable. Y la verdad es la verdad, la digan Agamenón o su porquero.

Pero los puteados somos los ciudadanos, que asistimos al espectáculo y se nos agota la paciencia, pero sin tener en nuestra mano la solución. Estos mangantes nos roban y nunca devuelven el dinero que se llevan, y solo en contadas ocasiones van a la trena.

Ahora son Camps, Blanco, Matas, Urdangarín, “El Ministro” y el ex director general de Empleo de la Junta. Pasará el siguiente, porque los que controlan los partidos políticos andan demasiado ocupados en incumplir los programas electorales, controlar las subvenciones, colocar a los amigos o a los incondicionales de la cosa y resolver sus batallas intestinas como para ocuparse en serio de los que nos putean, ponerles a buen recaudo y ocuparse de que devuelvan lo trincado.

Que poca ejemplaridad. Que inmoralidad insoportable. Que conductas más repugnantes. Y que desprecio olímpico a los ciudadanos. Lo malo es que quizá el día que se pongan en serio a resolver el problema, quizá lleguen demasiado tarde. Aquí se agota hasta la esperanza.