Estimado presidente Artur Mas: nos has negado una entrevista que pretendíamos realizarle en el programa  “Cada mañana sale el sol”, de ABC Punto Radio, que vamos a hacer desde Barcelona el viernes. Está en su derecho. Pero la forma es más que discutible. Su jefe de prensa, un tal Joan María Piqué, nos ha dicho: “Siento decirte que el president Mas no podrá atender vuestra petición de entrevista. Quizá en otra ocasión. Mucha suerte y que disfrutéis de vuestra estancia en nuestro país. Cordialmente”.

 

“En nuestro país”. Utilizando el pronombre posesivo de primera persona se han retratado, querido presidente. Es lo que tiene el nacionalismo excluyente, que para defender lo vuestro negáis y ofendéis a buena parte de los catalanes. Provocáis deliberadamente distancia y malestar, erosionáis la convivencia, hacéis distinciones entre ciudadanos que son iguales y con vuestra bandera soberanista al aire cercenáis derechos esenciales. La construcción nacional que pretendéis os aleja de una realidad que existe aunque no queráis verla.  No se me ha faltado el respeto a mí, sino a los miles de oyentes de ABC Punto Radio y los lectores de ABC en todos sus soportes.

 

No iremos a “vuestro” país. Cataluña no es vuestra, de quienes gobiernan la Generalitat. Cataluña es de todos los catalanes, también de quienes compatibilizan su sentimiento catalán con su sentimiento de pertenencia a España. Iremos a nuestro país, al país de todos, a la capital de una comunidad autónoma que forma parte del Estado español en la que conviven ciudadanos con diferentes ideologías.

 

Iremos a un “país” en el que algunos se levantan cada mañana, cobran del dinero de todos, y se dedican a defender solo su proyecto identitario, su primer objetivo, reafirmarse en que son catalanes, curiosa manera de querer ser lo que ya son. Y después diseñan políticas ruinosas destinadas a perfeccionar un régimen en el que solo caben quienes comparten su ideario, un “país” con ciudadanos de primera categoría, quienes solo se sienten catalanes, y otros de segunda que no tienen derecho a sentirse, además de catalanes, españoles. Mientras tanto,  la mayoría de los ciudadanos sale cada mañana a la calle a ganarse la vida y a convivir pacíficamente con quienes comparten sus ideas y con quienes piensan de modo diferente, y padecen gobiernos que no tratan a todos igual y que sostienen una ideología que se reclama más deudora de cuestiones biológicas que de un pacto democrático y social para convivir en igualdad de condiciones. Ese es el país que pretendéis construir. Pero no, no es vuestro, aunque a veces lo parezca. Allí iremos, a Barcelona, a nuestro país, a ejercer nuestra libertad de expresión. Aunque no os guste. Cordialmente.