Los ciudadanos están advertidos: ¡ay! De aquel que se dice apolítico, porque el mayor castigo para quienes no se interesan por la política es que estamos gobernados por personas que si se interesan, y mucho, por ella. Es por ello que resulta imprescindible leerse, y con detalle los programas electorales.

Leído lo conocido hasta la fecha del presentado por el PP creo que ambas letras, en este caso, se corresponden con Programa y con Pinocho. Programa interesante, incluso en algunos casos ilusionante, en algunas materias como la económica. Propuestas que sirvieron en 1996, algunas de las cuales pueden venirnos bien: valen la estabilidad presupuestaria, el saneamiento del sector financiero, la liberalización de la economía, la reforma del mercado laboral, el impulso a la competitividad, la reforma del pago del IVA adelantado de los autónomos y algunas más. Bien por los criterios de educación en la exigencia y la excelencia, pero no nos engañemos, tenemos la juventud mejor preparada que nunca y con menos expectativas de salida laboral de nuestra historia. Bien por las líneas rojas establecidas en relación con ETA, con un final digno para las víctimas, en el que los asesinos sean derrotados democráticamente, pero estaremos vigilantes a la vista de los antecedentes conocidos.

Pero P también de Pinocho. De nuevo quien tanto prometió en la oposición respecto a la regeneración democrática se olvida de lo dicho en cuanto huele el aroma del poder. Hablan de la doctrina Parot y ya adivinamos que tienen la tentación de seguir mangoneando en el TC, como han hecho siempre. Nada de reforma del sistema de elección de los vocales del CGPJ, que es clave para que la Justicia sea un poder independiente y podamos desmentir a Alfonso Guerra respecto a que Montesquieu ha muerto.

Y nada de nada de reforma de la Ley Electoral, ¡¡manda huevos!! Federico Trillo, y compañía. Nada de listas abiertas. Nada de reforma del Reglamento del Congreso. Seguimos con la dictadura férrea de los pocos que controlan los aparatos de los partidos. Nada de modificación del Estatuto del Ministerio Fiscal, de lo que deducimos que quieren seguir controlando férreamente al fiscal general del Estado, tenerle a su servicio. Nada de una Ley Huelga, otra gran asignatura pendiente.

Y nada de acometer una reforma a fondo de la organización territorial del Estado, tan útil en su momento cuando entre todos los españoles fuimos capaces de transitar de la dictadura a la democracia con sentido común, sin rencores, con altura de miras, y que tantos problemas nos genera a todos hoy en asuntos económicos, políticos y morales.

Volvemos a lo mismo. Y veremos si, además, el PP gana por mayoría absoluta. Que Dios nos coja confesados. Volvemos a la misma película, deja vu, de prometer, prometer, prometer, reclamar, reclamar y reclamar hasta que se llega a los alrededores de La Moncloa y se olvidan las ilusiones de regeneración, porque el poder puede con todo. Por poder puede hasta con la ilusión de los ciudadanos, hastiados de una clase política que hace como que no se entera. Luego que no se quejen si la desafección hacia ellos crece tanto como su nariz de Pinocho.