Ha quedado claro que para la inmensa mayoría de los medios el debate lo ganó Rajoy. Vale. Para mí, el debate lo perdimos los ciudadanos. Me defraudó. Y para mí a Rajoy le pasó como a Ronald Reagan, que ganó porque su contrincante era Rubalcaba (Carter en el caso del presidente actor), pero si no hubiera tenido oponente habría perdido.

Rubalcaba se fajó con su propia sombra de perdedor. Desde el inicio designó con sus palabras como presidente del Gobierno a su oponente, otorgándole de este modo la victoria a Rajoy con doce días de adelanto sobre la fecha prevista. En el maquillaje de rostro pálido de Rubalcaba se reflejaba la estética de la derrota que llega de antemano. Ni sus artimañas de consumado trilero aprendido en las simas de la Sevilla profunda de “mihenmano” le libraron de presentarse como el aspirante sin esperanza alguna que a ojos de todos no pretendió convencer al personal para que le llevara a La Moncloa con su voto, sino que evidenció que a estas alturas se conforma con convencer a los fieles para agarrarse al poder de Ferraz cuando las urnas le retraten como el peor candidato de siempre en la historia del socialismo.

Y Rajoy. Ajeno a la pelea, se limitó a colocar a su adversario frente al espejo de su propia realidad desoladora de paro y desesperación. Le bastó con exhibir el fantasma de ZP, y, claro, así no hay Rubalcaba que valga que se sobreponga a la losa.

A la tercera va la vencida para el candidato popular. A la tercera, y con mayoría absoluta, Rajoy se va a hacer con el poder, con todo el poder, nacional, autonómico y municipal. Pero la victoria, esta victoria, acerca a un abismo.

En Génova no son conscientes de hasta que punto el sol de la mayoría absoluta que se avecina les ciega y les impide darse cuenta de que esta vez, en las urnas, hay algo peor que obtener la victoria: ganar la batalla. Porque quien lo haga será quien tenga que sacarnos de una crisis que ha arrasado con el dinero y con buena parte de la esperanza.

Quienes no ganaron fueron los ciudadanos. Los pactos de los protagonistas hurtaron del no debate cuestiones esenciales que, además del paro, preocupan a los españoles. Ellos van a la suyo y casi nunca es lo nuestro. Ni regeneración democrática, ni corrupción, ni separación de poderes, ni ley electoral, ni ley de partidos, ni Cristo que lo fundó. Rubalcaba y Rajoy, en estas materias, como quien oye llover.

Me da que al final quienes va a resultar que ganaron el debate fueron Izquierda Unida, UPyD et al. O sea, los partidos que no tienen posibilidad de ganar las elecciones. Pero claro, a ellos, a los debatientes, y a los que organizaron el debate, esto les importa menos que cero. Así nos luce el pelo.