No voy a hablar de las batallitas del PSOE y el PP de cada día. Voy a escribir para quienes las pelean sin saber que muchos ciudadanos esperan soluciones. Para recordarles a unos seres humanos que libran cada día, muy solos, una batalla que merece atención y mucho respeto. Podía hablar de muchos otros hombres y mujeres con problemas también graves. Pero voy a hablar de quienes padecen diversidad funcional (parálisis cerebrales o musculares, discapacidad intelectual, invalidez parcial o total, …)

Tras la guerra de Vietnam, en la Universidad de Berkeley se creó el Movimiento Internacional de Vida Independiente. Heredero de ellos es el Foro de Vida Independiente de España. No quieren ser llamados minusválidos, discapacitados u otras terminologías negativas. Quienes padecen diversidad funcional han sido tradicionalmente discriminados como las mujeres, los negros, los indígenas… Las terminología juega un papel decisivo en el refuerzo de la minusvaloración y, por ello, en que no desaparezca esa discriminación. La semántica tiene su importancia, y sólo utilizando las palabras correctas podremos cambiar las ideas y modificar los comportamientos. Este es un primer paso decisivo.

Quienes conocemos a los que dedican su vida a esta causa sabemos que son héroes. Pero ellos no desean eso, no quieren ser héroes, como no reclaman caridad, compasión o pena. Quieren una vida digna, no ser recluidos en centros especiales, ser reconocidos con todos sus derechos en la medida en que ellos cumplen con todas sus obligaciones. No reclaman políticas asistencialistas, sino que las leyes recojan sus derechos.

La diversidad funcional no tiene nada que ver con la enfermedad, la deficiencia, la parálisis o el retraso. Se les presenta como personas biológicamente imperfectas que han de ser rehabilitadas cuando lo que padecen es una diferencia biofísica que les fuerza a llevar a cabo las mismas tareas que los demás de modo diferente, muchas veces a través de terceras personas.

Ellos se identifican como un grupo de seres humanos que pelean con coraje encomiable para conseguir una ciudadanía plena una igualdad de derechos y oportunidades efectiva en la sociedad, para ser personas cuya diversidad se aprecie como un valor y encontrar su sitio. Y merecen una atención que no les damos nosotros ni les dan los políticos. Como escribió hace poco mi amiga Rosa Montero, para conseguirlo, lo primero que tenemos que hacer es atrevernos a mirarlos. Y antes que nadie, ustedes, los políticos. Es más que necesario. En campaña no lo han hecho. Y votan, como todos