Tras acreditar José Luis Rodríguez Zapatero que tampoco era verdad su palabra respecto a que iba a agotar la legislatura, consumado el fracaso, político y personal del presidente, las huestes socialistas andan despistadas. Las versiones oficiales hablan de nuevos tiempos en el socialismo patrio, tiempos modernos “para construir un país nuevo adaptado a las nuevas necesidades”. Las versiones reales y realistas se refieren a los viejos tiempos, “tiempos antiguos que habíamos olvidado, que algunos incluso jamás habíamos vivido, oscuros, plenos de dificultades, con un partido deshecho, y teniendo que empezar de cero con las fuerzas limitadas”.

La realidad es que el PSOE afronta tiempos al menos, siendo benévolo en el calificativo, convulsos. Con unas elecciones que ya se sabe que van a ser el 20-N, en coincidencia con una Conferencia Política para diseñar el programa electoral con que se presentará el candidato Alfredo Pérez Rubalcaba, con un candidato que no es secretario general del partido y que no controla todos los resortes de poder internos y con una oposición que, pese a estar preparada para una herencia envenenada, no termina de generar entusiasmo entre los ciudadanos.

Cuando uno habla con dirigentes y militantes del PSOE que trabajan en la sede de Ferraz o en presidencia, te encuentras, sobre todo, “preocupación y temor” ante la que se avecina. Lejos del entusiasmo rubalcabesco de escaparate hay un aparato “dispuesto a dejarse la piel por nuestro cabeza de cartel”, pero a la vez consciente de que “las cosas no van a ser fáciles. No es sencillo construir un líder en tan poco tiempo y es muy complicado articular un discurso regeneracionista con un hombre que ha sido vicepresidente del Gobierno al que todos responsabilizan, como es lógico, de la situación crítica que atraviesa España. No es justo, o al menos no nos lo parece a nosotros, pero es la realidad a la que nos enfrentamos”.

Los empleados de la sede central ya tienen despejado el horizonte de sus vacaciones. No más de quince días, veinte a lo sumo, en turnos perfectamente organizados, de modo que los equipos se relevan ordenadamente: “Hacía tiempo que la factoría del PSOE no generaba tanto documento. El equipo de lidera Elena Valenciano no para un segundo, es exigente, tiene al resto del partido a la orden y trabajan en la elaboración de un programa que pueda presentarse como el del nuevo socialismo del Siglo XXI”.

Las fuentes consultadas aseguran que el jueves por la tarde, Rubalcaba y Blanco terminaron de convencer al presidente para que disolviera: “El no deseaba hacerlo, pero la presión de los grandes empresarios la semana anterior, muy en serio; la presión de los mercados financieros y el argumento de que para el candidato habría sido nefasto asumir unos presupuestos especialmente duros y restrictivos, con concesiones importantísimas al PNV, como habrían tenido que ser de no convocarse elecciones terminaron por convencer a Zapatero. Quizá no sea bueno afrontar cuatro meses de interinidad, de provisionalidad, pero peor para todos sería haber agotado la legislatura”.

Ahora, el candidato Rubalcaba, obsesionado con hacerle guiños a los indignados, convencido pese al escepticismo de algunos de sus más próximos, de que ese es el camino para recuperar el voto de muchos, trabaja en presionar al Ejecutivo para que el 19 de agosto, en pleno verano, con la opinión pública más desconectada, aprobar en Consejo de Ministros unas medidas duras retocando al alza el régimen fiscal de las sociedades, una medida populista con la que pretende pasar factura a alguno de los grandes empresarios que tanto han presionado para adelantar las elecciones. Decisión que va a levantar más de una ampolla.

Nadie te habla en las filas socialistas de mayorías absolutas, algunos pocos se atreven a vaticinar una victoria con la boca pequeña, muchos dicen que una derrota dulce no sería un mal resultado y los más pronostican tiempos duros: “Veremos que dicen las urnas. En función del resultado, el partido puede afrontar un Congreso en paz que entrone a Rubalcaba en la secretaría general o puede que vayamos a una confrontación en la que habría muchas facturas preparadas para pasar al cobro. Y este escenario es el más peligroso, el que más daño haría al partido y a sus militantes”.

PS.-20 de noviembre, aniversario de Primo de Rivera, Franco, Durruti y desde el próximo, del final político de Rodríguez Zapatero. Pero sobre todo, aniversario del día que terminó el horror del franquismo y comenzamos a escribir nuestra historia y nuestro futuro en libertad y desde el siguiente, del día en que dejó la presidencia un demócrata elegido por sufragio universal que pasará a la historia por su gestión peor que mala.

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