Dimitido Francisco Camps, como muy bien cuenta El Confidencial, forzado por la negativa de Ricardo Costa a aceptar allanarse y asumir su culpabilidad en el procedimiento de los trajes, en el PP de Valencia comenzó ayer mismo otra guerra que veremos como termina. Consumada la salida de la presidencia de la Generalitat de Camps, ayer fue un día de tensión máxima y cuchillos afilados en el PP valenciano y en la sede nacional de Génova. Así sucedieron algunas de las cosas. Primero, con la designación del sustituto de Camps. El ex presidente trató por todos los medios, pero ya sin fuerza personal y sin capacidad de presión política, de que su vicepresidenta, Paula Sánchez de León, fuera la sucesora. Rajoy no estaba por la labor. Inicialmente surgió el nombre de Esteban González Pons, pero no era posible, había un impedimento legal: no es diputado autonómico valenciano. A partir de ahí, comienza una ofensiva de líderes cualificados del PP para tratar de convencer a Rita Barberá, la candidata favorita de Rajoy, pero las llamadas del propio Rajoy, María Dolores de Cospedal, González Pons y una conversación cara a cara de Trillo con la alcaldesa de Valencia no consiguen convencerla. Su decisión es firme.

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Personas próximas a Camps hacen un último intento en Valencia. El presidente de la Generalitat, cerca de las 14,30 horas, minutos antes de avisar a su abogado de que no va a acudir al Juzgado, habla por teléfono con Rajoy y, tras anunciarle que a las 17 horas hace pública su dimisión, intenta por última vez ablandar “al jefe” y colocar a Sánchez de León, sin éxito. Madrid ya ha decidido que el sucesor es el alcalde de Castellón, Alberto Fabra, que dedica la mañana a una presentación, junto al presidente de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán, de la implantación de redes eléctricas en el municipio. Fabra acepta la presidencia de la Generalitat. Lo que desde las terminales informativas populares se presenta como una nueva época de tranquilidad en el PP valenciano tras años de convulsión por el “Caso Gürtel” y los trajes no es sino el principio de otra guerra.

“ESTOS NO CONOCEN SU PROPIO PARTIDO EN VALENCIA”

Alberto Fabra llama al presidente provincial del PP de Alicante, José Joaquín Ripoll, y le explica sus planes. Se reúne con su gente de confianza en Castellón. En conversaciones telefónicas con Rajoy, Cospedal y Trillo ha de comprometerse, de mala gana, a no hacer un solo cambio en el Gobierno de la Generalitat al menos hasta celebradas las elecciones generales que serán probablemente en noviembre. Pero no llama a Alfonso Rus, presidente del PP en Valencia, que durante todo el día de ayer hace patente su formidable cabreo por haberse enterado por la radio de la dimisión de Camps y le comenta a un allegado: “Ni siquiera Rita. Nadie me ha llamado, he sido leal y me han ninguneado. En un momento crucial para el futuro del partido, se lo cuecen entre Madrid y un paracaidista enviado de la capital. Estos no conocen su propio partido en Valencia”. Personas próximas a Rus aseguran que el líder valenciano “va a ir a saco, su lealtad es a las siglas, y más de uno ha minusvalorado su poder en la provincia, y el poder de la provincia en la Comunidad. Y en Madrid no se enteran, viven en su mundo, todos pensando en las generales y en el Gobierno central”.

Otros dirigentes populares valencianos pronostican “tormentas severas” en las próximas semanas y en el interminable cruce de llamadas que se produce durante todo el día más de uno llega a hablar de que se percibe “la larga mano de Eduardo Zaplana en todo lo sucedido. A quién se le ocurre poner a uno de Castellón al frente de la nave. La venganza es un plato que se sirve frío, y Zaplana y Ricardo Costa lo han acreditado”. También hace llegar a la cúpula del partido su malestar por cómo se han hecho las cosas Rafael Blasco, portavoz en las Cortes Valencianas.

Durante toda la tarde empiezan a correr rumores por Valencia respecto a que más de un consejero del Gobierno de Camps va a dimitir, porque no están dispuestos a trabajar para Alberto Fabra. Se suceden las conversaciones cruzadas hasta bien entrada la madrugada. Poco después de las diez de la noche un miembro del Ejecutivo valenciano llega incluso a llorrar en una conversación telefónica que hace a un cualificado dirigente popular de Madrid, al que se dirige para pedir consejo respecto a qué hacer ahora.

Ahora Alberto Fabra trabaja a marchas forzadas por ganarse el respeto y el cariño de sus compañeros valencianos. No lo va a tener fácil. Primero ha de conseguir, antes de tomar posesión, evitar que se produzcan dimisiones en el Ejecutivo que va a presidir. Más de un conseller tiene ganas de tirar para adelante y dejarle el camino libre. Todo el mundo en el PP de Valencia tiene claro que Fabra, mas pronto que tarde, querrá hacer su equipo, y como me decía anoche un dirigente popular con mando en Génova, “es lo lógico, lo que haría cualquiera. Una vez que uno accede a un puesto de responsabilidad, manda, y si manda, hace su equipo, Alberto lo que ha de tener es habilidad para torear unos meses y no afrontar los cambios hasta después de las Generales”. Y para ello cuenta en el Gobierno valenciano con dos personas de su confianza, Isabel Bonig, ex alcaldesa de la Vall d’Uixó y José Manuel Vela, conseller de Hacienda y Administraciones Públicas, que se perfilan como figuras clave en el nuevo Ejecutivo hasta que se produzcan cambios.

“NOS HAN HECHO UNA CABRONADA, PERO LA VIDA ES LARGA”

Pero no es sólo el Gobierno. Fabra asumirá también las riendas del partido, y ahí lo va a tener más difícil. Aunque el dijo ayer que quiere mover pocas fichas y mantener igual las estructuras del Gobierno, el partido y el grupo parlamentario, quienes conocen los entresijos de la política valenciana consideran “improbable” que pueda aguantar hasta diciembre: “Lo que va a hacer es dejar pasar el verano, el mes de agosto, pero en septiembre algún movimiento hace seguro. Tiene que evitar que se produzcan deserciones una vez que tome posesión la próxima semana, tranquilizar las aguas y después empezar a mover las piezas muy despacio, que parezca un accidente”.

Y mientras, dos hombres hundidos no daban crédito a lo sucedido. Víctor Campos, ex vicepresidente de la Generalitat y Rafael Betoret, ex jefe de gabinete de la Consellería de Turismo, que a primera hora de la mañana habían firmado en el Juzgado su allanamiento, habían aceptado su culpabilidad y se habían mostrado dispuestos a pagar la multa de 49.500 euros, la más grave que solicitaban las partes del procedimiento, echaban humo por la cabeza y no se cortaban en calificar lo sucedido: “Es una gran putada, nos han engañado, nos han dejado tirados y en una situación que baila entre lo ridículo y lo dramático. No tiene nombre lo que nos han hecho entre Rajoy, Camps y Costa. Es una cabronada mayúscula, pero la vida es larga y pasa factura”.

Porque ahora ellos, Campos y Betoret, por lo establecido en la Ley de Enjuiciamiento Criminal y la Ley del Jurado, probablemente no se libran del juicio. Tendrían que habarse allanado y haber aceptado unánimemente todos los acusados para evitar la vista oral. Al no haber sucedido, y aunque hay lagunas legales y no se sabe que va a decidir el magistrado del Tribunal Superior de Justicia Juan Climent, que presidirá el juicio, lo más probable es que deban comparecer en la vista junto a Camps y Costa, pero con la diferencia de que ellos lo hacen constando por escrito una confesión de culpabilidad.

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