La evolución de los acontecimientos demuestra que el Movimiento del 15-M ha podido ser útil para despertar alguna conciencia, para colocar en el escaparate reivindicaciones transversales en muchas de las cuales coincidíamos muchas personas de ideología diversa, para evidenciar la necesidad de una regeneración democrática que nuestro sistema necesita como el comer…pero el futuro no pasa ya por Sol, por la Plaza de Cataluña y ninguna de las otras plazas de la geografía española en las que permanecen las acampadas. Y si quienes con sensatez y buenas intenciones allí permanecen no se quieren dar cuenta, acabarán mal y terminarán por convertir un movimiento más que interesante y con posibilidades de ser útil para conseguir cambios en una movilización grotesca.

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Las movilizaciones comenzaron de modo espontáneo, a ellas se sumaron miles de personas que desde posiciones políticas diferentes coincidían en algunas reclamaciones regeneracionistas y consigueron ser percibidas con simpatía y esperanza por muchos ciudadanos. La evolución de los acontecimientos, la inteligencia de quienes controlan “el sistema”, la dificultad de coordinar y organizar una movimiento tan heterogéneo y la maldad de quienes desde posiciones aparentemente coincidentes han tratado de capitalizar el descontento han llevado a los acampados a una dinámica de asamblea horizontal trufada de personajes marginales que han sumido en el desprestigio y la caricatura a una mayoría de personas que aún están a tiempo de encauzar de otro modo y por diferente camino una reivindicaciones que son apoyadas por muchos y que pueden ser un elemento dinamizador de los partidos políticos en la senda de la regeneración que tantos ansiamos.

O se cancelan las acampadas y abandonan Sol, la Plaza de Cataluña y el resto de las sedes de las protestas callejeras o el daño será dificilmente reversible. No se dan cuenta algunos de hasta que punto “el sistema” del que tanto hablan está disfrutando con la prostitución de las reivindicaciones iniciales. No son conscientes, me temo, los convocantes a quien respeto tanto de cómo puede tirarse por la borda el impulso inicial y de cómo pueden pasar a la historia por un fracaso que les complicará volver a organizarse y que hará felices a quienes se han ido sumando a la protesta con el único fin de controlarla para sacar rédito, dinamitarla, ridiculizarla, intrumentalizarla, desprestigiarla y, de ese modo, acabar con ella.

Cuanto antes abandonen Sol y las otras plazas será mejor para ellos y para la causa regeneracionista que dicen defender. El último episodio de las denuncias de acoso sexual, de género o como quieran denominarlo; las justas reivindicaciones de los comerciantes; el hastío de muchos ciudadanos; las divergencias y contradicciones de los mensajes que trasladan los diferentes portavoces; la presencia de elementos provocadores que pretenden forzar la acción policial para buscar argumentos para generar violencia; la propia indignación de los indignados hacia los reventadores; la evidencia de que las acampadas no tienen ya más salida que la desconvocatoria; la importancia política y social que tienen las reivindicaciones originarias, todas ellas razonables, discutibles, planteadas desde hace años por algunos, renovadas por el impulso de ideas nuevas, formuladas en términos democráticos, pueden terminar convertidas en un panfleto defendido por una amalgama de tipolgías grotescas, por un aluvión de oportunistas de última hora que están perjudicando a personas sensatas que tenían un objetivo más que loable.

O se terminan las acampadas o se termina este movimiento. Tiempo al tiempo. O se encauzan las protestas con sentido común, imaginación, talento, posibilidades reales de conseguir los objetivos, o el ridículo será espantoso. Cada día que pasa el desprestigio y la caricatura son mayores. Aún están a tiempo. Es mejor reaccionar tarde, pero atinadamente. Los que buscan terminar a palos con la Policía lo conseguirán, y el daño será dificilmente reversible. Y la ilusión quedará en nada. El futuro ya no pasa por Sol, pero de Sol aún podemos concluir cosas positivas para conseguir una regeneración que necesitamos como agua de mayo.