El presidente de la Generalitat, Francisco Camps, hizo público ayer su nuevo Gobierno, y para mí fue una sorpresa como ha barrido todo vestigio del gabinete anterior, salvo alguna excepción. Los tres hombres fuertes, su círculo de hierro en el anterior Ejecutivo autonómico, conformado por Vicente Rambla, Gerardo Camps y Rafael Blasco, han salido. No hay ningún consejero imputado en causa alguna ahora en su equipo, excepto el propio Camps, y puede decirse que ha conformado un Gobierno de tecnócratas, de escasa trayectoria política, desconocidos de la opinión pública.

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En su nuevo equipo emerge como figura clave y persona de máxima confianza Paula Sánchez de León, que será la vicepresidenta única. Es una mujer que forma parte del círculo de máxima confianza de Camps desde hace tiempo y su nombre fue barajado en el PP hasta como posible sucesora de Camps en los momentos de ebullición del “caso Gürtel”. Está bien vista en Génova, fue la coordinadora de la campaña electoral del PP valenciano y todos los ojos estarán puestos en ella en esta legislatura.

Confirmado el recorte de carteras que había anunciado el presidente, la gran sorpresa es la presencia de Lola Johnson al frente de la Consejería de Turismo, Cultura y Deportes y la portavocía del Gobierno. Periodista, ex directora de la radio pública valenciana y hasta su designación directora de Canal 9, Lola es una mujer inteligente, conocedora de los entresijos mediáticos autonómicos y nacionales, cualificada profesionalmente, simpática, valiosa y que afronta una aventura política en un momento delicado. Su nombramiento ha generado polémica interna en el partido, ha molestado a más de uno que aspiraba a esas carteras y ha tenido “padrinos” que hasta ella misma desconoce. Puede ser una revelación en positivo.

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Las riendas del equipo económico quedan en manos del consejero Enrique Verdaguer, ex director general del Instituto de Comercio Exterior (ICEX). Y puede decirse que Camps ha hecho su propio equipo sin colocar a nadie significado o identificado con otros dirigentes populares de peso en valencia como Rita Barberá, alcaldesa de Valencia, o Alfonso Rus, presidente del PP en Valencia.

Acreditada mi crítica a la permanencia de Camps como candidato antes y presidente, ahora, por su condición de imputado, creo que es positivo y ha tenido valor político el presidente valenciano para conformar un Gobierno limpio de imputados, más corto en Consejerías, y formado por personas que tienen el aval de trayectorias personales algunas de ellas sin duda atractivas. No puede eludirse lo que tiene de contradicción aplicar el criterio que ha empleado con los imputados siendo él mismo uno de ellos, pero ello no debe impedir valorar el Gobierno que ha formado para afrontar una legislatura que va a ser difícil.

Camps ha trabajado a fondo las últimas semanas y, por fin después de muchos errores, se ha dejado asesorar por personas con criterios diferentes. En ese sentido ha sido valiente y ha dado un paso que ha sido valorado por la dirección nacional del PP como positivo. Y a muchos de sus más próximos les ha sorprendido, porque buena parte de ellos consideraba que no iba a treverse a tomar decisiones por sí mismo y las iba a adoptar presionado por los diferentes sectores del PP valenciano que desde hace años libran batallas internas que aún no han terminado. este sí es un Gobierno Camps al cien por cien, para lo bueno y para lo malo, y todos quienes se han incorporado a él tienen claro quien manda, que no son otros que el presidente y la vicepresidenta Sánchez de León.