Junto a una escultura de Serra en el majestuoso Museo Guggenheim de Bilbao, entre bambalinas de uno de los edificios mas cautivadores de España, el lunes tuve la oportunidad de hablar un poco de arte y mucho de política y de terrorismo con lo más granado de la política y el periodismo vasco. El líder popular, Antonio Basagoiti, lo tiene claro: “No hay un sólo indicio de que el Gobierno esté negociando con ETA en estos momentos. ¿Que mantiene cauces de toma de temperatura de ese mundo a través de Eguiguren y compañía?, evidente. ¿Que ese juego es peligroso?, obvio. ¿Que si se acreditara que hay un proceso negociador en marcha se acabó el Gobierno vasco?, pues blanco y en botella. Pero no, a día de hoy me fío, creo al PSOE y al PSE cuando me dicen que la puerta está cerrada. Pero estamos vigilantes, porque algunos antecedentes son peligrosos”.  Una persona de confianza del consejero de Interior, Rodolfo Ares, me dijo tajante: “Olvídate, no hay nada de nada, por más que algunos queráis malmeter, ni actas ni actos, la puerta está cerrada”. El lehendakari López, con una sonrisa en los labios, sentenció: “Las puertas para ETA siguen cerradas a cal y canto”. Un dirigente del PNV, esquivo, apostilló: “Si te lo dicen ellos…… Nosotros a lo nuestro, pendientes de la puerta”.

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La puerta. ¿Fija? ¿Corredera? ¿Giratoria? No cabe duda de que PSOE y PP se han puesto de acuerdo en transmitir a la opinión pública una imagen de frente común en la lucha contra ETA negando por activa y por pasiva que haya posibilidad alguna de reabrir un proceso negociador con ETA. No seré yo quien diga que mienten cuando nos dicen cosas como las que me dijeron unos y otros hace pocas horas en Bilbao. Pero lo que me pereció más indicativo de todo es que el dirigente nacionalista que me dijo lo transcrito cuatro líneas más arriba me pidiera reserva de identidad y no se sumara entusiasta al ejercicio de fe, adoptando una posición ecléctica. ¿Por qué? Pues porque le conozco y me consta que vale más por lo que calla que por lo que cuenta.

Y las actas etarras, sobrevolando por todas las tertulias, que si hay que creer, que si no hay quien se las crea. Pero los hechos son los hechos, y había mayoría, en esto sí, en todos los consultados, en que el Constitucional va a posibilitar la presencia de Sortu en las generales, “y en las autonómicas y municipales no porque falta de tiempo”. Y si es así, será un hecho más que añadir a los actos consumados que corroboran lo que dicen las actas. Y, que quieren que les diga, a mi me mosquea.

Y en estas andamos cuando llega la Audiencia Nacional y rechaza las tesis de la obediente Fiscalía al mantener la acusación de colaboración con banda armada para los imputados en el caso del chivatazo del Faisán. Y está decisión acerca al borde del precipicio penal a más de uno, y permite intuir que el día menos pensado la causa será elevada al Supremo para que resuelva acerca de personas aforadas. Ahora que, veintidós años después, el teatro de la memoria nos ha retrotraído a los años más oscuros del felipismo con el juicio contra el ex jefe superior de Policía de Vizcaya, Miguel Planchuelo, por dos atentados de los GAL, podemos preguntarnos si el faisanesco imputado Víctor García Hidalgo cantará de salida o pasará antes unos meses a la sombra.

El martes, tras prestar declaración en ese juicio como testigo, al salir de la Sala, me crucé con uno de los jueces centrales de instrucción de la Audiencia Nacional y le dije: Cuanto tiempo sin vernos. ¿Cómo ves lo de ETA, las actas y sus derivadas? ¿Está cerrada definitivamente la puerta a ETA?. Se atusó el pelo, sonrió, miró hacia adelante, hacia atrás y hacia los lados y, constatado que no había testigos, respondió: “Esa puerta es giratoria amigo, y depende de a quien hayan puesto de botones ese día en el hotel, se mueve más rápido o más lenta”. Pues eso, que en esta partida, nadie se fía de nadie. Lo que nadie discute es que la puerta existe, cuando quizá a estas alturas lo que debíamos haber hecho entre todos es cancelarla construyendo un muro de cemento armado indestructible.

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