Tres días en Túnez sirven para percibir sensaciones y hacer el diagnóstico del occidental interesado por lo que sucede en el mundo, pero no para firmar recetas ni dar lecciones. Tres días en Túnez me han servido para mirar a los ojos de muchos tunecinos y tunecinas y para tratar de mirar la revolución que terminó con el dictador Ben Ali y desencadenó revueltas populares en otros países de la zona a través de esos ojos y con la mente abierta. Tengo claro que el hambre, el paro, la falta de libertad, la escasez de oportunidades, el miedo, la tiranía, sentirse permanentemente humillados son los argumentos desencadenantes de lo sucedido. El joven vendedor de frutas Mohamed Bouazizi, al prenderse fuego el 17 de diciembre pasado, encendió la mecha que generó el incendio. Aún es pronto para saber cómo va a terminar este proceso. Quizá comienza a derrumbarse esa premisa, ¿falsa? de que la democracia y el mundo árabe son incompatibles. Y esos ojos tunecinos y las paredes de sus calles me dicen que necesitan tiempo, sortear problemas y prisas y ayuda de occidente. ¿La tendrán? Paseando por la Medina de Túnez, escuchando la llamada a la oración, entré en este bar en el que, entre tanta mezcla de estilos y simbologías, tras hablar con varios tunecinos, soñé con que era posible. Ojos tunecinos sinceros, esperanzados y sedientos de libertad que me dijeron muchas cosas.

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He escuchado a decenas de personas valorar como clave el papel que han jugado las redes sociales en esta peculiar revolución, simbolizado en el lenguaje de la calle que se escribe en los muros, con un “Gracias Facebook” que supone un reconocimiento al papel fundamental que las nuevas tecnologías han jugado en la revuelta, permitiendo organizarse a los ciudadanos y posibilitando que se propagaran las llamas del incendio de libertad que prendió Bouazizi, a quien preparan un gran homenaje que incluirá adjudicarle su nombre a una plaza. Y junto a Facebook, las mujeres tunecinas. Me abrió los ojos José Antonio Puente, presidente de Tracor, cuando antes de viajar me facilitó un dato más que interesante. En los países que han iniciado estos procesos de cambio el índice de alfabetización de las mujeres ronda el 80%. Las imagenes que hemos visto de Túnez, Egipto y Libia evidenciaban una presencia masiva de mujeres en las calles en todas las manifestaciones. En otros páises de la zona, como Marruecos, están en el 40%. He podido comprobar, después de hablar con decenas de hombres tunecinos, que las mujeres han jugado un papel trascendente de liderazgo político y familiar y tendrán que jugarlo también en la configuración del mundo nuevo que ansían construir para sus hijos y sus nietos. Tarik, un ilustrado musulmán de corazón grande, ilustrado, amable, contemporáneo, comprometido con la libertad, me dice: “Tienes razón, las mujeres han sido trascendentales. Aquí tienen un papel clave en la familia, que va más allá de la boutade tunecina de que son las que de verdad llevan los pantalones en casa. Y el futuro de nuestro país pasa por ellas y por nuestra capacidad, la de los hombres, de entenderlo, comprenderlo y encauzarlo”.

Ahora es momento de la esperanza, de la reconciliación, de la construcción de un país nuevo una vez desalojado el dictador Ben Ali. Y no será facil construir un estado nuevo, laico, moderno y libre de verdad. Camino, solo, por las calles de Hammamet. Es mediodía. Toco una puerta al azar. Me abre un hombre mayor, sabio. Tiene poco dinero pero mucha sabiduría y conocimiento. Me hace pasar y me invita a un té verde en el modesto salón de su vivienda antigua. Me observa atento y responde calmo a todas mis preguntas: “Español, usted lo entenderá porque padeció una dictadura. Ahora nosotros necesitamos líderes con talento y visión de futuro. Unos, los menos, quieren limpiar la fachada, encalar la vivienda por fuera y dejarlo todo igual por dentro. Son pocos pero tienen poder. Otros, los más, queremos cambiar de vivienda, construir una nueva, moderna, con cimientos sólidos. Y de nosotros depende pero no nos engañemos; también será importante lo que hagan los EEUU y Europa, que han sido lamentablemente hipócritas a los largo de la historia. Quiera el destino que acertemos nosotros y que ustedes sepan entendernos y estar a nuestro lado”.

“QUIEN QUIERA PUEDE VENIR Y SERA BIENVENIDO”

El turismo tiene más importancia de la que pueda parecer. Representa un elevado porcentaje del PIB tunecino. Lo necesitan como agua de mayo. Por eso están obsesionados con transmitir a todo occidental que se molesta en hablar con ellos que en Túnez “ahora las cosas están tranquilas, las calles seguras, la gente esperanzada. Cuentenlo ustedes. Quien quiera puede venir y será bienvenido, y seguro que disfrutará de nuestra tierra. Y si vienen, saldremos adelante. Si nos dejan solos las cosas requerirán de un esfuerzo suplementario”.

Miro a los ojos de las mujeres y los hombres tunecinos y percibo la mirada de un pueblo que se siente liberado pero que busca su sitio en un mundo nuevo con incertidumbre. Trato de analizar lo que ha sucedido a través de sus ojos. Y creo que tienen una oportunidad histórica de cambiar el rumbo de los acontecimientos y marcar caminos para lo que pueda suceder en otros países de la zona más de lo que muchos piensan. Sus yacimientos petrolíferos no les permiten influir como a Libia. Pero son respetados y observados con atención por sus vecinos. Por allí han pasado fenicios, romanos, judíos, árabes, musulmanes españoles, turcos otomanos, franceses….. Tienen una tradición más liberal y mestiza que otros países del entorno, son cultos y no solo no nos miran con recelo, sino que se sienten cercanos. Sus ojos son limpios. Su esperanza y su revolución pacífica merecen una recompensa.

(El viernes 18, entrevista con Slim Chaker, secretario de Estado de Turismo y otras historias tunecinas)