El laudo elaborado por el ex ministro Manuel Pimentel que ha resuelto la guerra abierta en Navidad entre el Gobierno y AENA y los controladores que viene a fijar el nuevo convenio colectivo supone una solución intermedia que, esperemos, será el punto de partida para que vuelva a la normalidad un sector que lleva años instalado en la convulsión y la crispación. Aunque en ambos lados hay algunos descontentos, creo de verdad después de leerme los casi 200 folios (¡que materia compleja, técnica, árida y difícil!) y de hablar con tres representantes de cada una de las partes que se trata de una solución razonable que se sitúa en un punto medio que puede posibilitar que a partir de ahora las cosas se hagan correctamente.

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Leido el documento, de obligado cumplimiento y no recurrible, se evidencia que ambas partes tenían parte de la razón y que ambas partes incurrieron en excesos y errores. Pimentel viene a reconocer respecto a la jornada de 1.670 horas anuales para 2011 y 2012 (más 40 y 25 horas de formación respectivamente y otras 80 horas extras voluntarias), el sueldo medio de 200.000 euros (los de nueva incorporación verán mermada esa cantidad en proporción a la reducción de jornada) y el recorte de algunas ventajas como la jubilación remunerada a los 52 años que el decreto del Gobierno no era disparatado. Y a la vez deja claro que los controladores tenían la razón de su parte en lo que se refiere a algunos derechos que les fueron retirados por el Ejecutivo y que ahora han de ser respuestos, como las horas que han de computar como trabajadas. Y AENA ha de acometer reformas urgentes en la gestión de los aeropuertos ineludibles si quiere cumplir con su obligación como responsable de la gestión de un servicio público de importancia capital.

Los portavoces de ambas partes aseguran haber quedado satisfechos con el laudo y aseguran que no hay vencedores ni vencidos, y esa es una buena señal para los ciudadanos. El asunto no está resuelto, pero sí ha entrado en una vía de solución razonable. Es de esperar que a partir de este documento todas las partes en conflicto acepten lo establecido en el laudo y a partir de ahora los conflictos que puedan surgir en su aplicación se resuelvan pacíficamente sin que los controladores pierdan la razón planteando situaciones límite en momentos clave de movimiento de viajeros y que el Gobierno no vuelva a perder la cabeza decretando estados de alarma y militarizando trabajadores. Siendo justos, la solución que se ha encontrado evidencia que los controladores cometieron errores, pero no eran tan malos y el conflicto sirvió a más de uno para distraer la atención de otros problemas que también nos incumben a todos. Bienvenida la paz en el sector.