La resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU prohibe todos los vuelos en el espacio aéreo de Libia, excepto los que trasladan ayuda humanitaria o evacúan gente; ordena a todos los Estados miembros adoptar “todas las medidas necesarias”  para proteger a los civiles de los ataques de las fuerzas de Gadafi y amplía el congelamiento de activos de los dirigentes libios y el ambargo de armas. Es decir, da pie a con su ambiguedad a una amplia operación militar que ya veremos donde y cómo termina. Europa, como siempre, está dividida. Y en España más de uno va a pasarlo mal para justificar nuestro apoyo e implicación en esta guerra para acabar con el dictador libio a la vista de lo sucedido con el respaldo del Gobierno Aznar a la intervención en Irak y las reacciones que entonces se sucedieron en España.

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Ya ha comenzado la guerra. Sí, estamos en guerra. Como lo leen. Los cazas franceses comenzaron ayer tarde a destruir tanques del dictador libio en una operación militar dirigida por los EEUU en la que participa España. Ahí estamos nosotros, en uno de los bandos. Y es importante, creo yo, que no nos engañemos, que nadie se equivoque como dijo el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero: esta intervención militar tiene el aval de la ONU y la de los países aliados en Irak se produjo en contra del Derecho Internacional por más que una vez derrocado el dictador Sadam Hussein la ONU avalara la guerra. Pero en términos morales y políticos estamos practicamente en las mismas. Gadafi es igual de asesino y terrorista que lo era Sadam, ambos han cometido crímenes contra la humanidad y han liquidado a sus conciudadanos. En ambos casos se recurre a argumentos humanitarios para justificar la acción. Quienes entonces recurrieron a la utilización de criterios morales para criticar la intervención, entre ellos muchos dirigentes socialistas, a ver que se inventan ahora para defender lo contrario.

En la realpolitik la moral es laxa y la legalidad está condicionada por las circunstancias y los intereses de los más poderosos en cada momento de la historia. Este Gadafi, como aquel Sadam, es el mismo a cuya jaima acudían todos los líderes del mundo supuestamente civilizado a recibir regalitos y regalazos, y cuya jaima viajaba por el mundo y era instalada con regocijo y máximos honores en todas las grandes capitales occidentales. Ahora las cosas han cambiado, los intereses son otros y ha habido que intervenir. ¿Por qué no lo hicimos antes? ¿Ley? ¿Moral? ¡¡¡¡Por favor!!!

Y por cierto, ya puestos a aplicar la congelación de los activos de Gadafi y sus mariachis, y ya que estamos encantados de que algunos artistas hayan donado la pasta que recibieron del sátrapa por actuar para él, ¿han pensado los líderes occidentales, no sólo Aznar, todos, presidentes de Gobierno, presidentes de Repúblicas, Reyes…. todos insisto, en devolver al pueblo libio los regalos que aceptaron de este asesino con el que tanto se reían y con el que firmaban tantos acuerdos bilaterales o multilaterales? Deberían hacerlo. Lo digo muy en serio. Tanta ley y tanta moral deben aplicarse comenzando por actuar de modo ejemplar. Y cuando acaben con Gadafi que no esperan más y se pongan a hacer la lista de los siguientes, ¿no?, que hay muchos Gadafi sueltos por el mundo y estaría bien no esperar a que liquiden a miles de seres humanos para reunirse y decidir intervenir. Pues eso. Que estamos en guerra, presididos por el pacifista José Luis Rodríguez Zapatero. Y los sindicatos, IU y los artistas de la ceja, ayer tarde, liadísimos en un acto de apoyo al juez Garzón.

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PS.- Me voy siete días a Argentina. Mañana tendréis los SMS del lunes 21, fieles a la cita semanal. Esta semana probablemente escribiré menos. Pero os tengo presentes. Gracias por estar en este vuestro blog.