El escándalo generado por la revelación masiva de información confidencial de la Administración de los EEUU a través de Wikileaks ya ha tenido consecuencias a nivel internacional. En los últimos meses, el Departamento de Estado ha puesto en marcha diversos mecanismos de seguridad informática tanto en las comunicaciones con las embajadas americanas por todo el mundo como en los sistemas de comunicación y almacenamiento de datos de los diferentes cuerpos y fuerzas de seguridad y los servicios de información. Fuentes de la Embajada en Madrid me explicaron que “las filtraciones a Assange y su gente nos han obligado a adoptar medidas que han requerido de una fuerte inversión”. Y lo mismo está ocurriendo en muchos otros países, entre ellos España. Fuentes del Ministerio de Interior me explican que “nosotros estamos en una permanente actualización de los sistemas internos de seguridad, pero es evidente que lo sucedido con Wikileaks ha obligado a revisarlo todo y a hacer algunas modificaciones relacionadas con la seguridad de la información y de las personas”.

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Este video fue grabado el pasado mes de septiembre en Nueva York, en la confluencia de Madison con la 27. Se desplazaba después de un almuerzo con Netanyahu a la sede de Naciones Unidas, donde por la mañana había intervenido el presidente del Gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero. Es la espectacular caravana que emplea el presidente Obama cuando se mueve por cualquier ciudad estadounidense, y ella incluye más de treinta vehículos, entre los que se cuentan dos que van equipados con material informático y de comunicaciones de última generación que distorsiona frecuencias, encripta datos y audio y permite al presidente estar en comunicación directa con cualquier punto del planeta “con la seguridad máxima que es posible a día de hoy”. Las citadas fuentes de la Embajada USA en Madrid explicaron que “la comitiva es llamativa, pero es imprescindible para garantizar la seguridad en una ciudad como Nueva York. En otras ciudades es más reducida. En los últimos cuatro meses se han incluido correcciones, modificaciones y ampliaciones de la seguridad también presidencial, porque los fallos que posibilitaron la fuga de información evidenciaron también algunas lagunas que afectaban o podían afectar a la seguridad de los altos cargos”.

Las fuentes consultadas no facilitan ninguna cifra sobre el coste que han podido tener en EEUU estas revisiones de los sistemas de seguridad, “pero puede usted imaginar que estamos hablando de unos cuantos millones de dólares”. Para la elaboración de los nuevos planes, que afectan a todos los cuerpos policiales y de información, han colaborado con el Departamento de Estado, donde se ha centralizado todo el trabajo, informáticos independientes que trabajan para las más importantes multinacionales del sector junto a especialistas que forman parte del cuadro de la Administración.

En España el Ministerio de Interior es igual de hermético y tampoco facilita ningún dato ni cifra, pero “hablamos de unos cuantos millones, evidentemente, porque se trata de programas costosos”, y también han trabajado profesionales que trabajan como funcionarios con el asesoramiento de contratados por empresas privadas. Incluso ha ayudado en algunos aspectos concretos un joven hacker cuya identidad se guarda al mejor de los recaudos que “de forma voluntaria nos alertó de algunos aspectos que consideramos de interés para las mejoras que se estaban introduciendo”.

En embajadas de países europeos como las de Gran Bretaña, Italia, Francia, Dinamarca, Suecia, Irlanda, Bélgica y Alemania no facilitan información al respecto, pero en todas ellas reconocen que “el escándalo Wikileaks le ha costado a los Gobiernos de todo el mundo muchos millones de dólares” invertidos en modificaciones y mejoras de todos los sistemas de seguridad. A todas las fuentes consultadas les he hecho la misma pregunta. Entonces, desde ese punto de vista, a Wikileaks ¿hay que reprocharle que nos haya costado ese dinero o agradecerle que haya posibilitado esas mejoras? La respuesta ha sido practicamente la misma, y podría resumirse así : “Ha hecho mucho daño y a la vez nos ha servido para despertar”.

Una derivada interesante de este asunto es si esas inversiones en seguridad, esas “mejoras” de los sistemas de información y comunicaciones, conllevan en todos los países un recorte de los derechos y libertades de los ciudadanos, la eterna canción. Mucho me temo que, dado el carácter de “alto secreto” de todas las medidas adoptadas, algo haya de eso. Pero terminaremos sabiéndolo. Tiempo al tiempo.