Vaya semanita. ¡Que nivel de debate en el Congreso de los Diputados y en los parlamentos andaluz y valenciano!. En Madrid, cuando el PP trata de esclarecer el escándalo del chivatazo del Faisán y el de los ERE en Andalucía y Soraya Sáenz de Santamaría dice “en Andalucía si eres socialista cobras la jubilación aunque no hayas trabajado”, el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba responde diciéndole al PP que con el dinero “robado” en el “caso Gürtel” se podían haber contratado muchos desempleados. En Valencia, Francisco Camps se somete a la sesión de control y evita pronunciarse sobre la Gürtel y los mensajes enviados por el PP valenciano a Madrid recordando el apoyo prestado por el President a Mariano Rajoy cuando este atravesaba sus peores momentos por el acoso de sus propios correligionarios. Y va Camps y dice, en expresión genuflexa: “Rajoy me llama Paco y yo a Don Mariano Rajoy le llamo presidente”. Y en Andalucía, cuando la oposición reclama una comisión de investigación sobre el escándalo de los ERE, el presidente, José Antonio Griñán, dice que el PSOE se niega porque esa comisión sólo serviría para que la oposición mintiera impunemente en el Parlamento, donde por cierto en 15 años no se ha constituído una sola comisión de investigación.

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Los escándalos, la corrupción moral, política y económica que padecemos no universalizada, pero sí generalizada, imposibilita un debate político de fondo sobre las cuestiones económicas, que posibilite encontrar salidas a la crisis que nos asola. Y en esta vorágine, en este carrusel de despropósitos, se mezclan churras con merinas en un “y tu más” que es de todo punto insoportable. Cualquiera que siga mis textos sabe que soy poco sospechoso de defender la permanencia de Camps en la presidencia y en la cabeza del cartel electoral del PP valenciano hasta que se sustancien sus presuntas responsabilidades judiciales. Pero comparar en gravedad el asunto de los trajes de Camps con el delito de colaboración con banda armada que se cometió en el bar Faisán o con el escándalo de los ERE en Andalucía es una ofensa a la inteligencia.

Si esto es lo que hay, que me perdone la casta política, pero dan ganas de bajarse. Viviamos una italianización de nuestra política que es más que peligrosa. La desafección de los ciudadanos hacia los políticos me preocupa, porque la entiendo, porque comprendo los argumentos que asisten a quien la padece. No podemos aguantar mucho más tiempo así, salvo que no nos preocupe que la política española, la política de nuestra nación, se convierta en un lodazal del que algún día no podremos salir.

Y tras el “Pim, pam, pum, fuego” de ayer, la ministra de Cultura, Angeles González Sinde, me dicen que montó en cólera. Además de ponerme a parir, cosa que la verdad, me preocupa más bien poco, puso en marcha una operación de “caza de brujas” en la Academia en busca de mi fuente de información. Sus más fieles en el Ministerio y en la Academia, discretamente, maniobras en la oscuridad, que parezca un accidente, se pusieron en marcha para tratar de identificar a quienes me cuentan cosas. Querida ministra, no me lo esperaba. Nunca imaginé una reacción tan chusca, más propia de la ministra de una república bananera. Le voy a ayudar: no insista. No va a saber usted quienes me cuentan las cosas por más que lo intente. Soy miembro de esa Academia desde hace ya varios años. Pago mis cuotas. Y soy periodista. Y conozco a mucha gente, ministra. En la Academia, por supuesto, pero también en el Ministerio. Y puestos a buscar, mejor le iría si lo hiciera entre alguno de sus fieles, porque no es lo mismo temer a alguien que respetarle. Y a lo mejor resulta que busca usted agua donde no hay fuente, teniendo un manantial debajo de la mesa.

¿Que no quería usted que se supiera lo de la devolución de las subvenciones? No sabe como lo siento. Pero es que llegan al Consejo de Ministros y se les va el oremus. Está llegando usted a la CIMA de la incompetencia. ¿O es que era usted de las que quería marcarse unos viajecitos a Hispanoamérica? Deje tranquilos a los académicos, deje usted de maniobrar y mover los hilos para colocar a alguien en la presidencia. Y repase los estatutos, que pese a haber sido presidenta no se los sabe. Lo que me dicen que ha tenido de bueno el “Pim, pam, pum, fuego” es que sus espías han quedado al descubierto. Tómese una tisana o acompañe a la vicepresidenta Salgado a algunas sesiones de Bikram Yoga. Porque la película no ha terminado. Y la vamos a escribir hasta el final. Visite nuestro bar.