El ex ministro de Trabajo Manuel Pimentel, designado como árbitro en la negociación del nuevo convenio entre los controladores aéreos y AENA, se ha tomado más que en serio su trabajo, conocedor de que el laudo que redacte será de obligado cumplimiento y no recurrible, y de la trascendencia y consecuencias sociales, empresariales y políticas del trabajo que le ha sido encomendado. No se está limitando a estudiarse el cerro de documentos que tiene encima de la mesa, que también. La semana pasada pasó varias horas en AENA entrevistándose con directivos de la compañía y formulándoles todo tipo de preguntas que llevaba muy bien preparadas. Ayer estuvo tres horas y media, practicamente toda la mañana, en el Centro de Control de Tránsito Aéreo de Madrid, en Torrejón de Ardoz, y en la torre de control de Barajas.

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Durante toda la mañana, Pimentel se informó con detalle de cómo trabajan los controladores, de los turnos que tienen y cómo están organizados a día de hoy, de cómo funcionan las pantallas de control, de la plantilla en lo que se refiere a número y cualificación profesional de sus miembros. El ex ministro llevaba un cuaderno de notas en el que apuntaba cada respuesta a las preguntas que hacía, block que según testigos presenciales “era de los gruesos, se veía gastado y estaba a punto de quedarse ya sin hojas en blanco”.

Personal de AENA y controladores están gratamente sorprendidos de la “meticulosidad extrema”  y la ecuanimidad que perciben.

He podido hablar con varias personas de AENA y con alguno de los controladores que ayer hablaron con Pimentel y, curiosamente, hay coincidencia en la valoración que hacen ambas partes del conflicto acerca de cómo han percibido a la persona responsable de redactar el laudo. En resúmen, afirman que están gratamente sorprendidos de la “meticulosidad extrema” con la que ha abordado el trabajo, la ecuanimidad que perciben de las palabras que le escuchan, la celeridad en “percibir tantos detalles técnicos de una actividad compleja y complicada en la que se emplea una terminología que para el profano puede ser muy alambicada, y de la que él se ha empapado hasta parecer ya un experto”. Además, alaban la discreción de que está haciendo gala desde que fue designado para este arbitraje, “pues era fundamental que hiciera su trabajo sin aparecer en los medios, sin tratar de vender su imagen, sin que se percibiera que tiene interés en rentabilizar en beneficio propio su intervención”.

A los controladores que desconocían que Pimentel iba a aparecer por el Centro de Control y por la torre de Barajas les sorprendió la presencia del ex ministro “en el nido del cuco, en el corazón del conflicto”, en los lugares que AENA ha vetado a los medios de comunicación que han pretendido hacer reportajes en los que se vieran los lugares donde los controladores desarrollan esa actividad profesional que tanta polémica ha generado. Y lo han percibido positivamente. Ambas partes coinciden también en afirmar que esperan que Pimentel recacte un convenio razonable, “en el que se reconozcan las razones de unos y otros, en el que se valore la trascendencia y las especificidades de la actividad y el mejor síntoma de que ha acertado será que nos guste y nos disguste a partes iguales a ambas partes en conflicto, esa sería una señal positiva. Si al final sólo una de las partes está satisfecha con el laudo será malo”.

Pimentel está trabajando dieciseis o diecisiete horas al día. Pretende cumplir el plazo previsto y presentar el convenio el lunes día 28 de febrero.

Fuentes próximas al ex ministro de Trabajo me explicaron que Pimentel está trabajando dieciseis o diecisiete horas al día, se está estudiando los antecedentes al detalle y está analizando los convenios vigentes en otros países europeos”y pretende cumplir el plazo previsto y presentar el convenio el lunes día 28 de febrero, pero si viera que necesita algo más de tiempo para que el documento quede como el desea, “pediría un aplazamiento, porque de lo que se trata no es tanto de correo mucho sino de acertar con el laudo”. Además, me dijeron que Pimentel se ha encontrado a ambas partes en una posición “bastante razonable, y después de las tensiones vividas, los enfrentamientos enconados, para él ha sido positivo escuchar a todos y percibir sentido de la responsabilidad y un deseo sincero de acabar con un problema enquistado que se había salido de madre de forma lamentable”. Pues veremos a ver si el 28, o unos días después en caso de que solicite algunos días de prórroga, el documento Pimentel trae la paz o reabre la herida. Las señales que se perciben son positivas.