Mariano Rajoy tiene muchos frentes abiertos como consecuencia de los formidables enemigos que le tienen en el punto de mira, dentro y fuera del Partido Popular. Sus declaraciones a El Mundo, que culminan esta noche con la entrevista que le hará Pedro J. Ramírez en VEO 7, han levantado alguna ampolla y han puesto nerviosos a muchos socialistas. De los muchos asuntos que generan polémica hay uno especialmente trascendente en el que va a tener que hilar fino: el Estado autonómico.

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Ya en la convención de Sevilla José María Aznar tuvo una intervención en la que fue un poco más allá que Rajoy, aunque después llegaron los matices. El candidato popular fue muy claro el domingo y el lunes en El Mundo al apuntar que hay que hacer reformas, pero sin modificar la Constitución y sin al articulado de la Carta Magna que posibilita la recuperación de competencias por parte de la Administración Central. Ayer, Aznar presentó en FAES, el laboratorio de ideas del PP, un documento interesante al respecto, y fue deliberadamente ambiguo y confuso. No rompió el eje del discurso de Rajoy, a la vez reclamó el derecho del partido y el suyo propio a figurar entre los que han desarrollado el actual modelo, insistió en que si no se acometen reformas del modelo coremos riesgos de poder permanecer en el euro y perder el tren de la Europa comunitaria y, finalmente, puso como ejemplo la reforma constitucional alemana de la gran coalición que modificó parte del articulado en busca de mejorar la eficiencia del estado federal. A ver que dice esta noche Rajoy.

De aqui a las elecciones deberá hablar demasiadas veces del asunto y cada vez que lo haga le pondrán la grabadora y le sacaran declaraciones anteriores. Debe ir con cuidado. Si tiene claro que hay que hacer modificaciones, pero aún no está en condiciones de entrar al detalle de cuales son, lo mejor que puede hacer es decirlo: la verdad es el camino más fácil, y además el más rentable. Es un asunto peliagudo pero fundamental donde no debiera cometer errores. Que escuche, dentro y fuera de su partido, a quienes defienden una cosa y la contraria, que hable con especialistas, que lea a los expertos, que analice el pasado, que reflexione con el derecho comparado, que pase por el microscopio cada propuesta y cuando tenga claras las propuestas que las diga. Eso es lo que yo haría en su lugar. De lo contrario le auguro problemas.

Que el modelo, tal cual, no sirve, me parece evidente. Pero hay diversas soluciones, en función de cómo y con que intenciones se aborden las reformas. Y no es un asunto como para tomárselo a broma o para hacer excesivos experimentos. Yo desearía que todos reflexionemos sobre la materia sin que se defiendan las posiciones extremas. Que no nos pidan jurar eternamente con la mano encima de la Constitución como si fuera dogma de fe, y que no nos pidan que escupamos sobre ella. Ni una cosa ni la otra. Es demasiado serio el asunto para dejarlo sólo en manos de los políticos y los sectarios