¡Lo que ha dado de sí la Gala de los Goya! Y los usuarios de Twitter generando más polémica, como debe ser. Lo sucedido a lo largo de esta semana evidencia que el humor, para algunos, solo le está permitido a los correligionarios, a los que piensan como uno. Si quienes hacen uso de él, aunque sea de un humor muy sui generis, son o se supone que son adversarios, entonces se trata de ataques inaceptables a la dignidad de la mujer o de la raza humana en general. Es lo sucedido en relación con la ministra de Sanidad, Leire Pajín, que no se por qué es permanente objeto de burla por su aspecto físico por parte de los unos y los otros. A mí, la verdad, si fuera ella, me molestaría. Así han sucedido las cosas.

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León de la Riva, alcalde de Valladolid, del Partido Popular, hizo unas declaraciones en las que decía que cada vez “que la veo la cara y esos morritos, pienso lo mismo, pero no lo voy a contar aquí”. La reacción de la ministra, del PSOE y de diversos frupos feministas fue fulminante, pidieron la dimisión del alcalde, le calificaron de machista y sexista e hicieron caer sobre él calificativos muy severos. El señor de la Riva no es santo de mi devoción, tiene una tendencia que no me gusta nada a las declaraciones excesivas en la búsqueda ramplona del titular de portada y un estilo que me desagrada. Me parece un tipo con muy poca clase. Esas declaraciones me parecieron muy desafortunadas. Pero dicho eso, tampoco considero que sean como para demonizarle como se hizo desde el PSOE.

Poco después, el Wyoming, en un acto público, con la ministra a escasos metros, y ante las cámaras de televisión, se preguntó si Pajín es “sinónimo de masturbito”, a lo que la ministra respondió: “a él se lo perdono”.

Durante la Gala de los Goya, mientras leía su discurso, duro, el presidente de la Academia, Alex de la Iglesia, Santiago Segura envió un mensaje de Twitter que decía literalmente: “Impresionante la cara de culo de la Pajín durante el discurso de Alex. La Sinde careto de circunstancias”. Inmediatamente, un grupo de internautas crearon un grupo de Facebook al que denominaron “Papada triste de panceta”.

Ni con el Wyoming, ni con Segura ni con los internautas se ha producido ninguna respuesta de la señora ministra de Sanidad, ni del PSOE, ni de colectivo feminista alguno. Y considero al menos igual de desafortunados esos comentarios que el formulado por el alcalde de Valladolid. No me gusta ese estilo de meterse con la gente por su aspecto físico. Si la ministra hace algo que nos disgusta, ha de ser criticada, con toda la dureza que cada uno considere, pero con el respeto que se merece cualquier ciudadano y cualquier representante público. Creo que tengo bastante sentido del humor y a la vez entiendo que en las manifestaciones públicas, los políticos, los periodistas y los personajes con proyección pública debemos respetar unos mínimos formales de respeto, y no debemos utilizar la sal gruesa dialéctica, que genera tensiones y enfrentamientos indeseables. Una cosa es no ser políticamente correcto, lo cual me parece incluso recomendable, y otra muy diferente es el mal gusto. No obstante respeto el derecho de cada uno a hacer lo que considere conveniente.

Lo que me resulta inadmisible, y por ello lo critico sin matices, es que la crítica se haga no por lo que se dice sino por quién lo dice, pues esa conducta es insoportablemente sectaria y dictatorial, propia de los regímenes totalitarios. Y en España, creo que por algunos complejos consecuencia de la dictadura, si quien se sale de madre es o se le considera de izquierdas, vale todo, es “humor inteligente”, pero si quien se expresa en iguales términos es de derechas, se procede a una campaña de linchamiento feroz y se pone en marcha la maquinaria trituradora al grito de “fascista”. Basta ya de sectarismo.